Monumentos espectrales. Desajustes del audiovisual chileno con la historia y la memoria

36 Eduardo Santa Cruz, Claudio Salinas, Hans Stange y Carolina Kuhlmann lla, una pobre zona agrícola del centro-sur del país, donde conoce a José Durán (Nelson Villagra), un campesino sin estudios, pero con una conciencia social arraigada. «El Traje Cruzado» le cuenta que en la capital se ha desatado la re- volución socialista encabezada por Marmaduque Grove y que, de ahora en adelante, la sociedad se organizará colecti- vamente y sin diferencias entre ricos y pobres. Cuando Du- rán convence a los campesinos sin tierra de la necesidad de «tomarse» la alcaldía de El Huique, un pueblo cercano, con la esperanza de propagar y asegurar la revolución socialista, el conflicto con los más poderosos del pueblo y de la ha - cienda se desata. Cuando, después de varios meses, llega la noticia de que la república socialista fue derrotada tras sólo doce días, el grupo de campesinos queda paralizado y un destacamento policial termina con su «utopía» igualitaria. La cinta pone en escena un hecho histórico real: la intentona conducida por Marmaduque Grove, una breve aventura política en una década muy convulsa para el país, que vivió una sucesión de gobiernos efímeros, mientras se hacía frente a los estragos de la crisis económica mundial, que dio un golpe fatal a la industria salitrera, a la sazón la principal fuente de riqueza nacional. Este acontecimiento es leído, a inicios de los años setenta, como un hecho pre- cursor del proceso socialista encabezado por el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular. En este sentido, mu- chos de los discursos del filme son, por analogía, comenta - rios contingentes y contemporáneos al proceso político en el que se enmarca la realización de la película: la restitución de la soberanía popular, la colectivización de los medios de producción agrícolas e industriales, el deber político del pueblo respecto a encauzar y protagonizar su propia histo- ria, son elementos significativos de la construcción narrativa para interpelar al público de los años setenta respecto de su propio presente, no para educarlos o instruirlos didáctica- mente acerca de un hecho pasado. Una serie de referencias simbólicas en la película dan cuenta de esta «destinación»:

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