Monumentos espectrales. Desajustes del audiovisual chileno con la historia y la memoria
193 Estrategias de verosimilitud histórica... han hecho hincapié en esa cuestión 2 ; lo mismo sucede en el campo específico del documental con el trabajo de Mo - rettin, Napolitano y Kornis (2012). Ahora bien, esta mis - ma literatura, al igual que otros trabajos (Salinas y Stange, 2017), puntualiza algunos malentendidos a los que puede llevar una comprensión superficial de la representación ci - nematográfica. En primer lugar, pese a que se nos recuerda constantemente que el cine no refleja la realidad, es común que el juicio general sobre las películas históricas en pu- blicaciones no especializadas ― desgraciadamente también en algunas revistas académicas ― exija que estas se corres- pondan con las ideas que los públicos tienen sobre «cómo fueron los hechos», o al menos que las cintas «revelen» una supuesta identidad con la realidad, como si las películas pu- diesen revelar una verdad objetiva. En segundo lugar, existe el peligro de reducir el análisis de la representación cine- matográfica concentrando la atención únicamente en los «contenidos» y/o en lo expresamente mostrado por la pe- lícula: los personajes omitidos o deformados por la narra- ción, los cambios en las cronologías de los acontecimientos, la amplitud o el sesgo de los puntos de vista narrativos, etc. Esa concepción lleva a que los aspectos estéticos de los fil - mes sean, en algunos casos, subordinados o invisibilizados por las descripciones contenidistas, a pesar de ser esenciales en la producción audiovisual del pasado. Tras esta idea se percibe la creencia de que existiría «una» historia que los filmes podrían o no calcar. Contra el riesgo de este tipo de análisis advertía ya en los años 70 Marc Ferro, quien dedicó la tercera parte de su clásico libro Cine e Historia (1997) a analizar «los modos de acción del lenguaje cinematográfico», es decir, el estudio de procedimientos técnicos y estéticos en la elaboración de 2 Nos hemos referido ya suficientemente a esta literatura, por lo que no re - petiremos ya aquí, ni en los capítulos siguientes, este marco teórico. Baste volver a los capítulos 1, 2 y 4 de este libro.
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