Monumentos espectrales. Desajustes del audiovisual chileno con la historia y la memoria

161 Las metáforas estéticas del Golpe de Estado de 1973... tos en que desde el interior golpean la puerta intentando escapar, pero ya es tarde y asistimos a un ritual de la muerte con los escombros de un presente estallado. Quizás una de las piezas que más asertivamente retrata tal irreversibilidad es L’Ambassade . Por medio de dos diálogos, el director da cuenta del Golpe como un punto sin retorno. En primer lu- gar, una mujer cantora afirma que aquello que sucedió ― es decir su pasado ― no volverá a suceder jamás. La tonalidad es de nostalgia, por el proyecto personal y político perdido. En segundo lugar, en uno de los diálogos más sagaces que se han esgrimido dentro de las narrativas del Golpe, uno de los personajes sentencia: «El pasado es como el extranjero, no es una cuestión de distancia, sino de cruzar una fronte- ra». El director, ya en 1974, a pocos meses de los sucesos, au- gura la frontera irremediable que iba a significar el Golpe de Estado para la historia de Chile. La segunda metáfora recurrente es la del presidente/ militante mártir . Esta condensa todo el proyecto de trans- formación social de la vía chilena hacia el socialismo en la figura de Allende. Es el cuerpo social en su total comple - jidad que podría ser resumida por el martirio al interior del palacio. Dentro de las estéticas de la adoración al líder, esta transita entre el imaginario cristiano de la crucifixión ― imagen que ya se alojaba en la fotografía del cadáver del Che Guevara muerto en Bolivia ― el contenedor de la uto- pía de transformación social, el sacrificio personal para la salvación del pueblo (en la famosa idea de evitar la guerra civil, que devino en la masacre sistemática de las fuerzas transformadoras). Esto está condensado en ese Allende so - norizado en su mensaje final transmitido por Radio Maga - llanes. Será en la radio, como Walter Benjamin ya anuncia- ba con la idea base de la reproductibilidad técnica, donde termine por cuajar la figura del mártir, que no arrancó y no se dejó humillar por el golpismo. En contraste, Post-Mortem, colocando al cadáver de Allende en la sala de autopsia, ha sido el ejercicio cinematográfico más evidente de desmi -

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