Monumentos espectrales. Desajustes del audiovisual chileno con la historia y la memoria

11 Prólogo: El audiovisual histórico entre luces y sombras ción matriz y perdurable del filme histórico que comien - za en la década de 1910, basada en el melodrama (El naci - miento de una nación e Intolerancia, de David Griffith), al que se suma la espectacularización operística (Cabiria, de Giovanni Pastrone), combinando monumentalización y alegoría, como recuerda el teórico brasileño Ismail Xavier. Desde la perspectiva de Robert Rosenstone, el melodrama «hollywoodense» funciona, indudablemente, como para- digma del filme histórico, al integrar funciones ideológi - cas, cognitivas y emocionales. Las bases de este metagénero movilizan mensajes morales dirigidos al espectador medio, buscando satisfacer sus demandas culturales y sus valores ideológicos. En el melodrama, el enfoque en el relato de vida de los individuos en conflicto permite la personaliza - ción y dramatización de la historia, dotando al pasado de una dimensión emocional como fundamento de la cogni- ción; el naturalismo garantiza una experiencia visual y sen- sorial del pasado, a través de escenarios, vestuarios y objetos que espectacularizan la experiencia del tiempo; la Historia, en fin, se afirmaría como una experiencia cognoscible, do - tada de sentido, relato de un pasado cerrado, unitario y con- cluido, proceso total y, al mismo tiempo, inscrito en la vida cotidiana y común. El tipo más común de filme histórico ha sido aquel que se nutre de la tipología de los géneros clásicos del cine: comedia, melodrama, aventura. Dentro de estas matrices es posible observar una amplia gama de com- binaciones, derivaciones e hibridismos a lo largo de la his- toria del cine, dando lugar a nuevos géneros (por ejemplo, el musical o la ciencia ficción). Por tanto, el filme histórico es, sobre todo, un género transversal, aunque el melodrama espectacular permanezca en su ADN. Por regla general, los melodramas tienden a monu- mentalizar el pasado, incluso cuando abordan la vida de in- dividuos modestos o de personas comunes. Con frecuencia, es precisamente desde la perspectiva de este tipo de perso- najes ―más allá de los «grandes héroes»― que observamos

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