El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 268 usar dispositivos tecnológicos que vayan más allá de la instrucción indivi- dualizada y descorporizada, hacia una que concibe el cuerpo como ele- mento constitutivo del proceso de aprendizaje. En este marco, tecnologías como la realidad virtual —entornos digi- tales inmersivos que simulan experiencias del mundo físico— y la realidad aumentada —que superpone elementos digitales sobre el entorno físico real— ofrecen, en principio, mejores condiciones que los sistemas de IA actuales, ya que, por diseño, favorecen el movimiento, la exploración y la interacción con el entorno físico o virtual (Videla et al., 2025a). En ese sen- tido, el desafío no es maximizar la presencia de IA ni la automatización del aprendizaje, sino orquestar entornos educativos que, mediante el uso de tec- nologías, amplíen las posibilidades de movimiento e interacción corporal de los estudiantes. Aunque incipientes, ya existen estudios que exploran esta dirección, con investigaciones preliminares que hacen un llamado explícito a un trabajo colaborativo entre las ciencias cognitivas corporizadas y la IA para la educación (Videla et al., 2025b). Sin embargo, dada la persistente desconexión entre pedagogía e IA educativa (Doroudi, 2023), este tipo de aproximaciones sigue estando en los márgenes de la investigación sobre IA y educación. Avanzar en esta línea parece tanto necesario como urgente. Finalmente, de estas reflexiones se desprende una tercera conclu- sión: la IA en educación no debería concebirse como una tecnología aislada que opera sobre el aprendizaje desde fuera, sino como parte de una ecología más amplia en la que diversos elementos materiales, tecnológicos y humanos median constantemente la cognición y la afectividad (Hutchins, 2010). Bajo esta perspectiva, el aula y los elementos que la componen no son un escena- rio neutral en el que ocurre el aprendizaje, sino un entorno activo que lo constituye. Por tanto, dentro de esta ecología la IA debe pensarse en su rol mediador: no como el agente principal que conduce el aprendizaje, sino como un elemento más del entorno, que facilita conexiones sin suplantar los vínculos humanos que le dan sentido. Esto implica conceptualizar la IA en consonancia con otras tecnologías que, como la realidad virtual o la au- mentada, pueden complementarla y ampliar las posibilidades de acción si- tuada que la IA por sí sola difícilmente puede ofrecer.

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