El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

219 Capítulo 10 · De la autopoiesis a la mentalización. Moufarrej Riff Silva Este mismo proceso compromete la mentalización, ya que el trauma puede inhibir, como mecanismo defensivo, la curiosidad por las mentes. Como consecuencia, pensar en estados mentales propios y ajenos resulta amenazante, y el funcionamiento se desplaza hacia modos automáticos, ses- gados y altamente vigilantes en la interacción (Garon-Bissonnette et al., 2023; Knox, 2016). En otros casos, la imaginación social se desorganiza y genera interpretaciones de la experiencia que no encajan con una realidad consensuada. Esto debilita el modo-nosotros, que requiere una triangula- ción entre el sujeto, el otro y el mundo compartido para colaborar y apren- der (Campbell y Allison, 2022; Fonagy et al., 2022). En ambas dimensiones, el quiebre del acoplamiento no implica ausencia de organización, sino una clausura operativa recurrente que se conserva porque en algún momento fue útil, aunque en el presente limite el acceso a experiencias interpersonales mentalizadoras capaces de reabrir el aprendizaje social y la coordinación con el entorno (Campbell et al., 2024; Li et al., 2023). Conclusión La articulación teórica desarrollada en este capítulo permite sostener una comprensión de la mente humana como un proceso relacional, histórico y situado, que emerge de dinámicas de acoplamiento estructural y coordina- ción social. En ese sentido, la autopoiesis ofrece un marco epistemológico que desplaza la concepción de lo mental como una operación intrapsíquica aislada y permite situar fenómenos como la cognición social, la mentaliza- ción y el aprendizaje cultural en el entramado de relaciones que sostienen la vida individual y colectiva. Así, la mentalización, entendida como una forma de observación de segundo orden, emerge como una capacidad que se con- figura progresivamente en el lenguaje y en la experiencia relacional, lo que posibilita la construcción compartida de sentido y la transmisión de cono- cimiento culturalmente relevante. Desde lo anteriormente propuesto, el trauma puede comprenderse como una interrupción de estos procesos de coordinación. Ante la fractura del dominio consensual, no se pueden mantener coordinaciones estables, lo que lleva al sistema nervioso a adaptarse para sobrevivir a costa de disminuir

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