El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI
177 Capítulo 8 · El equipo de fútbol como organismo vivo. Felipe Castillo Villa trayectoria de un balón en movimiento para luego moverse, pues —al ser parte de la jugada misma— su acción es parte del proceso perceptivo. De igual forma, el futbolista no percibe datos o información objetiva y prede- terminada del entorno, sino que sus capacidades corporales establecen tam- bién la percepción de sus posibilidades de acción o affordances (Balagué y Torrents, 2011). Por lo tanto, cada ser vivo determina su mundo de signifi- cado en relación a sus capacidades de interacción en el mundo. Podemos observar la relación de dependencia entre el estado bioló- gico y la capacidad de percepción de las posibilidades de acción en el si- guiente escenario: si un jugador ha participado por ya más de 80 minutos en un partido de alta complejidad, es normal que se encuentre fatigado. Dado el caso, podría no ser capaz de realizar cierto tipo de jugadas que impliquen un gran desgaste, pues su horizonte de percepción-acción cambia junto con su estado biológico. Lo que sucede en el juego no está predeter- minado para el sujeto, sino que se trata de una cocreación constante que surge en la interacción con el entorno. El entrenador como arquitecto de ambientes La intervención del entrenador bajo una perspectiva tradicional —concor- dante con el modelo computacional— se manifiesta normalmente mediante órdenes y comandos autoritarios. Así, su figura se establece como un prota- gonista que debe decidir qué hacer en cada momento de los entrenamientos y la competencia. Por el contrario, bajo la mirada enactiva, esta dirección autoritaria carece de sentido. El entrenador no debe determinar qué es lo que se debe hacer o no, sino que debe asumir un rol en la construcción de entornos como un arquitecto de ambientes. En línea con esto, Frade (en Tamarit, 2021) afirma que “lo que yo tengo que parir es el contexto y no los comportamientos” (p. 36). Parir contextos, no comportamientos Al comprender que es el mismo jugador quien crea el juego mediante su interacción en el partido o en la práctica, es ilógico pensar en un entrenador
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