El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

165 Capítulo 7 · Pathosformeln, neurociencia y cognición encarnada. Priscila Risi y Marco Díaz meramente biológico ni una construcción puramente cultural, sino el resul- tado de un acoplamiento dinámico entre ambas dimensiones. Cada uno de estos marcos teóricos aporta una pieza indispensable del rompecabezas: Warburg identifica el fenómeno histórico de la persistencia afectiva de las imágenes, Freedberg y Gallese proporcionan el mecanismo neurobiológico que explica cómo operan estas fórmulas sobre nuestro cuerpo, y Varela ofrece la clave ontológica que permite comprender por qué estas mismas estructuras biológicas generan experiencias culturalmente diferenciadas. Warburg intuyó que ciertas fórmulas visuales poseen la capacidad de persistir y reactivarse a través del tiempo, pero carecía de las herramien- tas empíricas para explicar su funcionamiento neurobiológico. La neuro- ciencia contemporánea aporta precisamente esta validación: el descubri- miento de las neuronas espejo demuestra que cuando contemplamos una imagen nuestro cerebro activa internamente una simulación motora y afec- tiva de lo que ella convoca. Sin embargo, esta explicación biológica resulta insuficiente si no se complementa con la perspectiva enactivista de Varela, que revela cómo nuestras capacidades biológicas se modulan y adquieren significación a través de un acoplamiento estructural continuo con entornos culturales específicos. Lo que comienza como una respuesta neural automá- tica se transforma, mediante la práctica cultural reiterada, en un fenómeno cargado de sentidos históricamente estratificados. Esta articulación teórica cumple el objetivo anunciado en la intro- ducción: evitar el reduccionismo biológico sin renunciar a la dimensión cor- poral de la experiencia estética. Las Pathosformeln emergen como registros históricos de un doble proceso: activan mecanismos neurobiológicos com- partidos por todos los seres humanos y, simultáneamente, encarnan formas específicas de acoplamiento entre esos mecanismos y mundos culturales particulares. La imagen artística se confirma así como el nodo preciso donde convergen lo biológico y lo histórico, tal como propusimos al inicio de este recorrido. En última instancia, en este diálogo entre historia del arte, neu- rociencia y filosofía de la cognición mostramos la fecundidad del proyecto warburguiano original: una ciencia de la cultura capaz de articular múltiples saberes sin perder de vista la singularidad histórica de cada experiencia. La pregunta de cómo las imágenes afectan al cuerpo encuentra su respuesta en

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