El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

137 Capítulo 6 · Por una antropología autopoiética. Victoria Reyes Muñoz Cuando llegó Valentina, rápidamente todo tomó ritmo y forma. Lo poco que sabía del butoh se limitaba a saber que era una danza cruda y visceral de origen japonés que nació como respuesta artística al horror y la devastación de la Segunda Guerra Mundial y las bombas atómicas en Hiroshima y Naga- saki. Una clave en la interpretación era que al estar pintada de blanco se diluía el “yo” para dar paso a ser un lienzo vivo, que evocaba espíritus, fantasmas o la palidez de los muertos. Desplegar pintura por mi cuerpo, por mi cara, por cada espacio visible de mi piel, no se sentía como solo pintarse para simbo- lizar la muerte, era más como conscientemente vestirse y ser ella. Delinearse los ojos de negro era otro reflejo, uno que re- saltaba la mirada de quien ha visto los aspectos más oscuros, incómodos y horrorosos de la experiencia humana. Este en- cuerpamiento se sintió como estar abrazando la dualidad de la vida y la muerte. No sé si fue el usar ropas holgadas o que Valentina me posicio- nara la kufiya palestina, pero al momento en que prendieron el sahúmo y sostuve el lienzo, de a poco ya no me sentía la Victoria que conocía. Recuerdo que nos miramos todas y cami- namos saliendo hacia la Alameda con un temple que solo puedo describir como un dolor profundo. Sentía mi cuerpo pe- sado, duro y mis manos tiesas. Tal vez era por la pintura o por la fuerza que se hace con los dedos al sostener un lienzo. Pero fue ahí cuando vi cómo la pintura se había secado y se veía trizada en mi piel, aunque al tacto se sintiera suave como la tiza. De un momento a otro, algo me recordó que era yo misma al entrar con el lienzo a la masa en la Alameda, como si todas las marchas estudiantiles y feministas vividas también hubieran dejado una forma de ser en mí. Mientras mirábamos el hori- zonte, las madres de Gaza que iban frente a mí abrazaron fir- memente sus guaguas.

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