El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI
121 Capítulo 5 · Lenguaje, interacción y coordinación. Nicolás Albornoz Hacia una significatividad socializada Los conceptos clave para poder vincular el uso lingüístico y la cognición enactiva son la coordinación y el reconocimiento de patrones. De partida, se podría decir que cuando un individuo se ve envuelto en una forma de interacción social, como puede ser una conversación, es capaz de reconocer un cierto patrón. Este reconocimiento va a depender tanto de su experiencia previa con situaciones similares como del contexto, base sobre la cual irá regulando su conducta. Como vimos anteriormente, la definición de inter- acción incluye esta idea de que el nivel de coordinación afecta directamente a la voluntad del individuo de mantener el sistema social; de aquí la impor- tancia de no solo leer lo que está dicho explícitamente (en el caso de una conversación, las palabras), sino también lo implícito, lo paralingüístico. Los patrones detectados derivan de lo descubierto en el contexto. Pero aquí hay un punto importante: durante la interacción surgen nuevas formas de interpretar el mundo en virtud de una normatividad social que no estaba disponible para el individuo particular. En virtud, entonces, de la interacción social, el sujeto es capaz de hacer nuevas asociaciones que antes no se encontraban desde su propia particularidad. Así, el lenguaje se defi- niría por un componente compartido de creación de categorías y esquemas; dicho de otra forma, surgirían los usos sociales. Siguiendo esta conexión, el lenguaje, al ser explicado como una cierta estructuración de la propia expe- riencia en relación con lo social, mantiene la autonomía de los individuos y, al mismo tiempo, posibilita el acoplamiento entre sistemas. Desde esta perspectiva, los usos lingüísticos serían entendidos como una capacidad de construir sentido, monitoreando, evaluando y regulando la identidad del individuo a través de su sistema cognitivo hacia lo social. El lenguaje, entonces, sería entendido como una forma de vida (Cuffari et al., 2015, p. 1094): ser un individuo que crea sentido a través del lenguaje es ser alguien capaz de organizarse desde su propio yo hacia los otros. Siguiendo esta idea, el significado es captado cognitivamente como un proceso dentro de la interacción social y, dado que los procesos interactivos son sistemas emergentes dependientes de circunstancias específicas, los sonidos se con- vierten en usos. Del mismo modo que toda interacción es distinta de otra,
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