MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

58 en el hogar para contribuir con hijos saludables a la defensa demográfica de la nación 92 . Incluso los sectores progresistas que reconocían el derecho de la mu- jer a trabajar compartían esos puntos de vista. Pedro Aguirre Cerda, el presidente de la progresista coalición del Frente Popular, prometió fo- mentar el trabajo de la mujer; sin embargo, tenía ideas precisas acerca de los campos adecuados: «educación, asistencia social, administración... debían ser ocupados lógica y exclusivamente por mujeres, ya que los hombres debían dedicarse a la producción». De este modo reforzó la asociación de la masculinidad con la producción, y la feminidad con la reproducción social. A pesar de la ratificación del trabajo para la mujer, Aguirre Cerda rechazó la práctica del control de la natalidad y manifestó que, en su lugar, trabajaría por el bienestar económico de las mujeres con muchos hijos. Le aseguró a los chilenos que protegería a la familia, pilar de la nación 93 . Los papeles de género claramente definidos que ubicaban a la mater- nidad como el centro de la vida de la mujer eran firmemente apoyados por el Estado y la Iglesia. Por esta razón no es sorprendente que las fe- ministas chilenas (como sus colegas de Europa o de los Estados Unidos, anteriormente) tomaran como base las tradicionales creencias sobre las mujeres para defender su creciente participación en la vida pública. Aun- que muchas mujeres que actuaban en organizaciones femeninas no esta- ban conformes con los papeles tradicionales de género y podían tener sus propias ideas acerca de esto, frecuentemente no consideraron prudente dar su parecer. Por el contrario, trataron de hacer uso del aparente res- peto social a la maternidad para defender el otorgamiento de derechos a las mujeres. Por supuesto, esto se hizo de varias maneras. Dependiendo de los puntos de vista políticos, existían importantes variaciones en el discurso feminista. Unas cuantas mujeres activistas favorecieron e impulsaron la parti- cipación de la mujer en la vida pública sin irrumpir, no obstante, en el mundo de la «política masculina». Un ejemplo bastante ilustrativo de 92 El capítulo seis de Gendered compromises, Rosenblatt argumenta que tales intentos, apo- yados por incentivos económicos tales como la asignación familiar, fueron particularmente exitosos, ya que las tasas de ilegitimidad descendieron y la participación de la mujer en la fuerza laboral se redujo hacia la década de los cincuenta. 93 «Entrevista a don Pedro Aguirre Cerda», La Mujer Nueva 21 (octubre 1938), 2.

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