MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
55 rio 85 . El mismo año se introdujo, a través de un decreto, cierta legislación protectora para las mujeres trabajadoras (conocida como Ley Maza). Sin embargo, unos pocos años después, hasta los grupos femeninos se vieron afectados por la reducción de las libertades cívicas bajo el gobierno del general Carlos Ibáñez. Pero durante el despertar político de comienzos de los treinta, las organizaciones de mujeres fueron capaces de lograr ligeros progresos en su búsqueda de los derechos civiles y políticos. En enero de 1933, un grupo de mujeres de un amplio espectro de leal- tades políticas fundaron el Comité Pro Derechos de las Mujeres, que hizo lobby en el Congreso para lograr la expansión de los derechos civiles y políticos y presentó un proyecto de ley para conceder a las mujeres el de- recho a voto en las elecciones municipales. Entre sus afiliadas había mu- jeres de formación totalmente diferente, tales como la educadora Amanda Labarca; Felisa Vergara, una abogada socialista; Elisa Doll de Díaz, una adherente aristocrática del Partido Conservador, y Marta Vergara, una periodista con simpatías izquierdistas 86 . En febrero de 1934, el Congreso aprobó el proyecto de ley por una estrecha mayoría con el razonamiento de que las mujeres, con su natural propensión a preocuparse de los temas sociales, eran adecuadas para tratar estos asuntos en un nivel local. Como aclaró una editorial de El Mercurio , los círculos conservadores estaban abiertos a la idea del voto para la mujer porque ellos esperaban con esto contrarrestar el radicalismo político de la izquierda: En cuanto al derecho a voto para la mujer, hemos expresado nuestra opinión en más de una ocasión clara y abiertamente. En un período de disolución social, la concesión de este derecho a la mujer será la más firme garantía de orden y del mantenimiento de la sociedad. En el gobierno ciudadano, nuestras mujeres tendrán la oportunidad de hacer sentir su admirable buen sentido, su innegable capacidad administrativa y su espíritu de orden y de economía 87 . Hacia mediados de la década, la atmósfera en Chile era por cierto lo suficientemente abierta hacia la mujer y, en particular, para la clase me- 85 De acuerdo con Klimpel, no obstante, estas leyes eran tan restrictivas que resultaban inefectivas. Solo la revisión del Código Civil en 1934 cambió esta situación. Klimpel, Mujer chilena , 57. 86 Georgina Durand (Raquel Delaporte Prieto), Mis entrevistas: Escritores, artistas y hombres de ciencia de Chile , Vol.1 (Nascimento, 1943), 199. 87 Citado en Bulletin Of the Pan-American Union , 69 (noviembre de 1935), 840; ver también Gallo, «La mujer ante la legislación», 59.
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