MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
52 a la subordinación de la mujer. Muchos de estos socialistas o anarquistas visualizaron el trabajo femenino como una trampa capitalista que de- valuaba el trabajo de los hombres y, más aún, tenía efectos negativos en la salud y moralidad de la familia de la clase obrera. Al principio, las organizaciones socialistas y anarquistas no pusieron mucho énfasis en la condición de las mujeres trabajadoras, sino más bien las condenaron por trabajar. Por esa razón, las mujeres trabajadoras prefirieron unirse a pequeños grupos mutualistas que ofrecían también beneficios prácticos y tendieron así a ignorar los sindicatos orientados a la política o al Partido Obrero Socialista 76 . Hubo algunas mujeres de izquierda que reconocieron que más allá de la discriminación de clase, la discriminación de sexo contribuía a su miseria. Dirigentas sindicales editaron entre 1905 y 1908 dos sucesivos periódicos obreros dedicados al público femenino: La Alborada y La Pa- lanca . En los periódicos se enfrentaron los ideales contradictorios de las mujeres como activas participantes en las luchas sindicales, y de las mu- jeres como pilares de la familia sana de la clase obrera. Durante el primer año de publicación, los artículos se referían solo esporádicamente a la discriminación sexual y la subordinación de la mujer y, por el contra- rio, se centraban en el movimiento obrero o en la política de partidos en general. Pero en ediciones posteriores, el diario asumió una crecien- te perspectiva crítica de las actitudes de los dirigentes sindicales y de la opresión de la mujer como trabajadora y en el hogar 77 . La publicación de La Palanca cesó abruptamente en 1908, y con ello se perdió de vista a las feministas de la clase trabajadora hasta unos pocos años después. Aunque algunos dirigentes socialistas como Luis Emilio Recabarren se consideraban a sí mismos feministas, los esfuerzos de los partidos pro- gresistas y de los sindicatos a favor de los derechos políticos y econó- micos de la mujer eran limitados. Hasta 1915, el programa del Partido Obrero Socialista no mencionaba ninguno de los asuntos de la mujer. A lo sumo, los dirigentes izquierdistas u obreros hicieron un llamado a la incorporación de la mujer a los sindicatos para luchar por mejores salarios (lo que eliminaría la competencia de los peor pagados) y para defender los intereses de la clase trabajadora en general 78 . 76 Lavrín, «Women, Labor, and the Left», 95-99. 77 Hutchison, «El feminismo en el movimiento obrero chileno», 62. 78 Lavrín, Women, Feminism, and Social Change , 24-25.
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