MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

286 constitucional abierto por la revuelta social de 2019, que condujo al primer órgano constituyente paritario del mundo. Incontables memchistas a lo largo del país continuaron siendo parte activa de redes internacionales y de movimientos populares y feministas durante prácticamente todo el siglo xx. Tras la disolución del memch en 1953, un puñado de militantes integraron la Unión deMujeres de Chile, que permaneció activa hasta 1973. En dictadura, gracias a años de experiencia organizativa, muchas de ellas fueron piezas clave de la resistencia que co- menzó inmediatamente después del golpe. En 1983, Olga Poblete y Elena Caffarena impulsaron la articulación amplia de diversas organizaciones de mujeres que combatían la dictadura. En homenaje a la gesta emancipa- dora de inicio de siglo, las nuevas generaciones de feministas y luchadoras sociales bautizaron a esta coordinadora como memch 83’. Ese memch, con todos los cambios propios del paso del tiempo, sigue existiendo hoy. ¿Qué historia contaríamos sin las cartas, archivos, folletos y testimo- nios que dejaron las militantes del memch? ¿Cómo podríamos narrar la historia de nuestras libertades si no se hubiese preservado la memoria de su esfuerzo colectivo? Al estudiar su historia, resulta imposible no con- moverse con la insondable lucidez política de quienes conservaron por décadas la frágil materialidad de las cartas, folletos, fotografías, documen- tos, recortes de diarios y objetos que hoy nos permiten conocer la acción política de una amplia red de mujeres que fueron capaces de trascender toda clase de fronteras. Cuando el memch se desarticuló, en plena vigencia de la ley maldita y en una escena global que había pasado de la expansión bélica a la Gue- rra Fría, seguramente las memchistas supieron reconocer que toda esa documentación e incluso sus propios cuerpos podían ser objeto de los inagotables “instantes de peligro” que asolan la historia de los pueblos que luchan. Pudo ser una decisión más o menos planificada de la dirección, pero, probablemente, nunca logremos dilucidar si hubo en todas ellas una intención de constituir un archivo, o si el gesto de reunir, almacenar y conservar sus documentos fue más bien una práctica de orden cotidiano para muchas memchistas. Lo cierto es que fue gracias a dicho trabajo que hoy contamos con los archivos que han permitido que varias generaciones feministas hayamos reflexionado sobre nuestras preguntas y desafíos. Cuando algunas de ellas

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