MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
285 nífero vivían en estado de sitio. Amparados en la llamada «ley maldita» del gobierno de González Videla —que ilegalizó al Partido Comunista—, patrones, empresarios y autoridades persiguieron a sindicalistas, poblado- ras y distintos sectores del mundo popular organizado. En este contexto, la represión se dirigió especialmente a castigar la insolencia de la acción feminista que había impulsado el memch. Aún hoy, no sabemos cuántas memchistas fueron perseguidas durante ese período, cuántas quedaron fuera del registro electoral justo al tiempo en que las mujeres lograron el derecho a voto, e incluso cuántas terminaron en el campo de concentración de Pisagua junto a otros militantes y dirigentes sociales. Cuando se promulgó la ley de sufragio femenino, las que habían sido sus principales impulsoras debieron escuchar la ceremonia desde sus casas. Muchas habían sido privadas de derechos políticos, acusadas de militar en el Partido Comunista. La misma Elena Caffarena, primera secretaria general del memch y redactora del primer proyecto de ley de sufragio femenino, fue borrada de los registros electorales. El aislamiento del memch y, con él, del feminismo arraigado en las luchas populares, marcó una fractura en el movimiento femenino que se proyectaría en el tiempo. Aunque el memch estaba asediado, sus militantes no dejaron de actuar. Insistieron en mantener los lazos con otros sectores del movimiento y re- sistir la persecución. Continuaron su acción pública, aunque fueran cada vez más los locales que les cerraban las puertas. En 1948, cuando resultaba palpable el intento de borrar el rol que había jugado el memch en la con- quista del sufragio, el Comité Ejecutivo Nacional dirigido por Olga Poblete decidió publicar el folleto El memch y el voto político. En él se aseguraron de dejar testimonio del largo camino de lucha que había conducido a esa victoria. Con todo en contra, las memchistas tuvieron la lucidez de saber que la historia también se escribe en momentos de repliegue. Los ecos del programa del memch han persistido durante largo tiempo. Este continuó desarrollándose durante las décadas de lucha que desem- bocaron en la Unidad Popular, y fue ampliamente recogido por ese pro- ceso protagonizado por la clase trabajadora y el conjunto de los sectores populares. Múltiples dimensiones del programa formaron parte de las Demandas de las Mujeres a la Democracia , escritas en 1988, y muchas de ellas tuvieron también una traducción jurídica en el contexto del proceso
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