MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
244 obreras a tomar la lucha feminista en sus propias manos. Ahora que la clase obrera había adquirido algo de educación política debía «dirigir todas las luchas por los legítimos derechos», incluyendo el feminismo. Mientras los hombres, así fueran burgueses o proletarios, se opusieran a la liberación de las mujeres, afirmó Vergara, ellas debían luchar contra sus erróneas ideas hasta que desapareciera toda noción de supremacía masculina 638 . Otro artículo destacaba la capacidad de Caffarena para forjar la unidad dentro del memch e impedir la formación de grupos hostiles. Esta alabanza fue ubicada junto a una impresionante lista de los logros de la organización en sus primeros cinco años de existencia. Ni los intentos de Vergara por establecer un campo ideológico común, ni las protestas de Caffarena, cambiaron la decisión del Partido Comunista de intentar reformar el memch según las líneas sugeridas por Troncoso. Las mujeres obreras debían quitarle el control a Caffarena y a otros elementos independientes y de mayor nivel educacional, para transformar al memch en una organización obrera fuertemente ligada al Partido Comunista. En el Segundo Congreso Nacional del memch, esta determinación se puso en práctica. Para cualquier persona con algún conocimiento de la situación política en Chile, debe haber sido evidente que las cartas estaban echadas. Como lo refleja fielmente el acta del Congreso publicada por la fracción victoriosa en La Mujer Nueva , como también la cobertura del Congreso en El Siglo , Troncoso y Ramírez, las comunistas presentes de más alto rango, trataron desde un principio de poner a Caffarena a la defensiva. Troncoso comenzó su discurso de bienvenida al Congreso lamentando el pequeño número de mujeres campesinas presentes y criticando al memch por haber descuidado la ampliación de su base social. Luego, las fricciones siguieron hasta por asuntos presuntamente triviales, como la decisión de elegir un presidium de honor (una ritualidad comunista que Caffarena y otras rechazaban). Más serio fue el hecho de que la fracción comunista usara su poder de votación para impulsar a sus delegadas a obtener cargos en la directiva en la mayoría de las comisiones de trabajo del Congreso. A través de las reacciones a las «Memorias» que hacían un recuento de lo que el memch había realizado en los tres años previos, quedó muy claro quién permanecía a qué lado de la línea recién trazada. Micaela Troncoso y María Ramírez reclamaron que la labor del memch entre los sindica- 638 La Mujer Nueva 26 (noviembre 1940), 3.
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