MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
219 alguien aun fuera pocos minutos luego de que concluyera la parte formal de un evento, se encontraba con que la mesa de la comida se había va- ciado. Pero las anécdotas jocosas contadas cincuenta años después de los eventos difícilmente pueden reflejar la incomodidad que podían ocasionar esas discrepancias. La misma mujer que se retiró del memch porque la organización no la ayudó a buscar trabajo también se quejó de que «aquí en el memch miran la ropa y no a la persona» 563 . Si este sentimiento era compartido por las afiliadas pertenecientes a la clase obrera, ello no las motivó a abandonar la institución. Mientras las mujeres de la clase obrera sintieran que sus preocupacio- nes eran tomadas en serio, estarían dispuestas a aceptar el liderazgo de la clase media a pesar de las ocasionales demostraciones de desdén. Como se señaló anteriormente, en el memch de Santiago se invitaba a todas las afiliadas a expresar sus puntos de vista. Las resoluciones se tomaban gene- ralmente en forma unánime y daban cuenta de un consenso mínimo. Sin embargo, cuando en el memch se producían desacuerdos en la línea de las clases sociales, el resentimiento entre ellas podía volverse efervescente. En La Serena, un grupo de mujeres de la clase obrera se quejó de que la directiva local había «desestimado la importante contribución de las compañeras obreras y que todo el trabajo quería hacerlo ese pequeño grupo de damas que llamaban el secretariado» 564 . Sintiéndose excluidas del proceso de toma de decisiones, habían fundado un comité separado. Cuando Caffarena les sugirió que trataran de limar asperezas con el grupo de Guzmán de Olivares, las disidentes respondieron que: las mujeres obreras no reconocen la autoritaria mesa directiva de las damas de la clase media por la egocéntrica indiferencia con que tratan a las mujeres obreras… Pensar que podríamos actuar en conjunto con ese comité es una ilusión, porque a esas personas no les gusta codearse con las obreras y mucho menos trabajar por sus causas 565 . La secretaria acusada, Guzmán de Olivares, fue más medida en sus co- mentarios. Sin embargo, la impaciencia con las orgullosas obreras se deja entrever en sus cartas. Argumentó que «el desorden y la indisciplina» 563 Adela Alarcón a Caffarena, Santiago, 4 de noviembre 1937. 564 Carta de María C. de Bustos, Juana Díaz y Juana G. de Heredia del memch de La Serena a Caffarena, 11 de diciembre 1937. 565 Carta de María C. de Bustos y Juana Díaz a Caffarena, La Serena, 15 de enero 1939.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=