MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

216 da para enfrentar a la compañía minera de Rica Aventura que se negaba a pagarle una indemnización por la muerte de su hijo en un accidente de trabajo 552 . Las dirigentes del memch eran, a veces, reacias a cumplir las demandas individuales de sus afiliadas. En una ocasión, Caffarena se negó a recurrir al presidente Aguirre Cerda por el caso de una memchista enferma a quien él había prometido ayudar. Contestó al comité que le había solicitado con- tactarse con el presidente que era necesario que «organizaciones como la nuestra, que tienen más capacitación... informen a la gente acerca de los casos en que no es conveniente distraer la atención del presidente, por justificados que pudieran ser...» 553 . Cuando Guillermina Soto de López, afiliada del memch, postuló al cargo de directora de la Escuela N°3 de San Antonio, el comité local le pidió a Caffarena que apoyara su candidatura. Caffarena transmitió el deseo de las memchistas al ministro de Educación, explicando que «aunque yo sé que no puedo ser ‘aval’ de nadie, quisiera satisfacer la petición de mis compañeras» 554 . Como el memch era una organización interclasista, muchas veces po- día esfumarse la línea divisoria entre la búsqueda de metas colectivas a las que todas contribuían, y un sistema de paternalismo clientelar. La directiva del memch en Santiago proporcionaba alguna asistencia social a las memchistas que se encontraban enfermas, a pesar de que no insti- tucionalizó ningún tipo de caridad. La ayuda, además, no se daba en for- ma individual, sino a través de la directiva del memch en conjunto. Esto puede parecer un detalle mínimo, pero era un paso que se alejaba de una filantropía más personalizada. Hacer uso de su posición social y de sus contactos políticos para apoyar las iniciativas de las bases del memch era la forma predominante de paternalismo que dispensaban las dirigentes del memch. Había pocos beneficios para las memchistas que no estuvieran directamente relacionados con las metas de la organización. 552 La compañía alegó que como Závila estaba casada y su hijo no era su único apoyo, no tenía derecho a la indemnización. Carta de Gobinda Villalobos a Poblete, Rica Aventura, 1º de septiembre 1948. 553 Carta de Caffarena a Carmela Aguilera, Rancagua, 30 de noviembre 1938. 554 Las memchistas tenían algo que ganar al solicitar tales intervenciones: el ministro, un antiguo profesor de Caffarena, le respondió personalmente asegurándole que tendría en mente la petición de su «estimada discípula y amiga». Carta de Teresa de Aguilera a Caffarena, San Antonio, 5 de mayo 1940; Carta de Caffarena a Juan Antonio Iribarren, ministro de Educación, 7 de mayo 1940; Carta de Iribarren a Caffarena, 11 de mayo 1940. apec.

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