MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

196 algunas lecciones de cómo hacer atractivas estas escuelas: «a una mujer que trabaja duramente durante todo el día no se le puede exigir que vaya a estudiar programas más o menos áridos. La cultura debe llegar a ella de forma muy sencilla y agradable. Hay que encontrar el tono; eso es lo importante» 486 . En 1940, la organización no solo dio a mujeres adultas cursos de alfabe- tización y aritmética básica, sino también de costura y otros conocimientos vocacionales 487 . El memch trabajó duramente, además, para ampliar los horizontes culturales de sus adherentes y también de un público femenino más vasto. Las memchistas podían asistir a numerosas charlas y cursos en forma gratuita. Pina Venegas estaba a cargo de los «Miércoles Culturales» donde se ofrecían charlas sobre figuras nacionales, desarrollo internacional y temas de importancia para la mujer. Otros cursos tenían relación con temas que iban desde el programa del memch y legislación social hasta la confección de juguetes 488 . Sin embargo, el aprendizaje no se suponía limitado a cursos formales y conferencias. Aún en asambleas regulares, las declaraciones de las memchis- tas eran objeto de un examen riguroso. Las críticas mutuas eran frecuentes. Una afiliada se sintió en un comienzo asombrada por la franqueza con que se intercambiaban comentarios críticos: «Yo estaba parada ahí con la boca abierta: ‘Podrías haberlo hecho mejor, la tuya fue muy larga, omitiste esto o aquello’... (era asombroso lo que sentí) porque en esa época la costum- bre era decir esas cosas solo a las espaldas de las otras» 489 . La razón de este ejercicio de crítica constructiva era que el memch quería preparar a las mujeres para subir a una tribuna y captar la atención de la audiencia. Además, la buena oratoria podría ayudar a las mujeres en su vida diaria. Poco antes del Segundo Congreso del memch, La Mujer Nueva abordó como tema el hablar en público en un artículo titulado «Claridad en el lenguaje». Especialmente en provincias, se escribió, muchas mujeres leían discursos escritos por otras. Esto, comentaba, provenía de la errónea idea de que se debía usar frases complicadas y palabras difíciles para dar una buena conferencia. Leer los discursos tenía sus puntos en contra, ya que 486 La Mujer Nueva 23 ( julio 1939), 4. 487 «Memoria de actividades presentada al Segundo Congreso Nacional del memch», 20. apec A1 N4. 488 La Mujer Nueva 14 (abril 1937), 6; «Asamblea Ordinaria del 18 de agosto», apec. 489 Entrevista personal a Tomasa Romeo, realizada en Santiago de Chile, junio 1993.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=