MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

194 tico de Chile. Los sectores conservadores e industriales esperaban que el mejoramiento cultural tuviera como consecuencia una población más dócil y eficiente. La izquierda progresista también consideraba que la educa- ción y el conocimiento eran atributos que daban estatus a un miembro de la clase obrera. Por medio de la alfabetización y de la educación, la clase obrera superaría el atraso y el vicio y podría ponerse casi a la altura de la «gente decente» de la clase media, y convertirse en los «nuevos chile- nos», ciudadanos de un Estado democrático. Las dirigentas del memch compartían esta opinión hasta cierto punto, pero tenían un punto de vista especial. Estaban de acuerdo con la izquierda en que la capacitación debía habilitar a la gente para la lucha de clases, pero estaban más preocupadas del efecto que tendría la capacitación en la lucha de las mujeres por mejorar sus condiciones de vida. Las mujeres necesitaban más conocimiento acerca de su propia situación y sobre las estructuras de poder que las coartaban, con el fin de combatirlas. En el Chile de los años treinta y cuarenta aún había una fuerte correlación entre nivel educacional y origen social. Mientras que algunas mujeres de la clase media podían haber carecido de educación política, las mujeres de la clase baja con frecuencia se sentían avergonzadas de su déficit educacional en lectura, escritura y conocimientos generales. Las memchistas perte- necientes a la clase baja y media, en su mayoría aceptaron con ansiedad el mensaje del «mejoramiento cultural» y buscaron activamente ciertos aspectos de la capacitación. Las profesionales de la organización trataron de ayudarlas lo más que pudieron en esta labor, dedicándose también a los problemas sociales que eran de una alta prioridad para las mujeres de la clase baja. No obstante, como consecuencia de la marcada superioridad de las profesionales y del buen nivel educacional de las mujeres de la clase media, las memchistas de la clase baja cayeron en relaciones paternalistas con ellas. Intentaron utilizar las conexiones que les aportaba el memch para resolver sus necesidades individuales y colectivas. Las relaciones de dependencia de la gente poderosa con la menos afortu- nada eran un marcado rasgo de la cultura chilena en todos los niveles. Los partidos políticos operaron como máquinas clientelares, prometiendo un alud de beneficios a los adherentes en caso de éxito electoral. Aunque era casi inevitable que se diera cierta dependencia en una organización inter- clasista, las relaciones paternalistas estaban menos insertas en el memch

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