MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

193 Una mujer que había crecido entre gente consciente de su estatus en la ciudad provinciana de Angol, recordó que hace treinta años se había sen- tido «en un mundo diferente» cuando se afilió al memch de Santiago. Recuerda que, en las reuniones, nadie podía decir «quién era la abogada, profesora u obrera» 481 . Olga Poblete tuvo similares recuerdos señalando que nunca existía un orden para sentarse en las reuniones del memch y que todas respetaban el derecho a hablar incluyendo a «las mujeres de origen proletario, con cabelleras desgreñadas y caries en sus dientes» 482 . De hecho, la mayoría de las memchistas enfatizaba la armonía con la que las mujeres de las diferentes clases trabajaban dentro de la institución. Pero ¿son confiables estas evocaciones de colaboración armoniosa? ¿Sobre qué base se estableció esta supuesta «igualdad» entre las mujeres de diferentes clases? ¿Facilitó la organización interclasista del memch el desarrollo de las mujeres de la clase baja? Este capítulo explora las relaciones entre las mujeres de diferentes clases sociales, en particular en lo que respecta a una de las metas del memch: el desarrollo de las mujeres. El mismo recuerdo de Poblete sobre mujeres a quienes les faltaban dientes indica que las diferencias de clase eran vi- sibles y en ningún momento olvidadas. Por cierto, parte de la misión del memch era que las afiliadas mejor preparadas brindaran a las mujeres menos afortunadas los conocimientos necesarios para representarse a sí mismas con más posibilidades de éxito. El concepto de capacitación estaba por cierto en concordancia con el discurso de progreso nacional que predominaba en todo el espectro polí- 481 «Texto de video grabado en casa de Elena, con amiga norteamericana de Nana Bron- fman». 1978. apec. 482 Entrevista a Elena Caffarena y Olga Poblete en Meza, La otra mitad , 53. V Entre la capacitación y la dependencia: relaciones de clase en el memch

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=