MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
169 inicial y de la falta de confianza en sí mismas, las afiliadas del memch se convirtieron en activistas en sus comunidades y más allá de ellas. Activismo en la base La dirección del memch en Santiago quería que las mujeres cambiaran el medio que las rodeaba. A diferencia de otros grupos femeninos, el memch alentaba a las mujeres a considerar como su ámbito de acción no solo a la familia, sino la comunidad y la nación. Aunque las dirigentes del memch combatían los límites establecidos para el comportamiento femenino, no incitaban a las mujeres a iniciar una lucha de sexos. Más bien, sugerían que las mujeres usaran canales de participación cívica para defender sus intereses mientras procuraban que los hombres se fueran acostumbrando a sus nuevos papeles. Se suponía que las integrantes de la clase media o intelectual dentro de la organización ayudarían al resto de las memchistas a adquirir los conocimientos necesarios para ese propósito. Puesto que el plan de Elena Caffarena de que mujeres de clase media y progresista dirigieran los comités locales gozó de poco éxito, una carga más pesada cayó sobre las dirigentes del memch de Santiago. Debido a la estrechez económica y de tiempo, los contactos cara a cara eran poco frecuentes; por eso, la correspondencia y el material impreso se convirtieron en el medio para proporcionar la guía solicitada. Aunque la propaganda nacional su- gería campos de actividad determinados, los comités provinciales tenían que acudir a sus propios medios para crear agendas y luego llevarlas a cabo. La forma y estilo que tomaran las actividades del memch en una localidad, no solo dependía de la iniciativa de afiliadas, sino también de la cultura política de su medio, de las relaciones con instituciones locales como partidos políticos, sindicatos, gobierno y de otros grupos femeninos. Las dirigentas del memch dieron mucha difusión a todo tipo de activis- mo. Estaban más preocupadas de apoyar y entregar herramientas para el quehacer que de establecer límites a las actividades que desarrollaban las memchistas de provincias. Las afiliadas de base tenían, a veces, prioridades que parecían distanciarse de las inquietudes feministas de la dirección o incluso de los estatutos de la organización. Mientras que Marta Vergara criticó las ideas predominantes sobre la feminidad en las páginas de La Mujer Nueva, y otra articulista denunciaba los efectos negativos de la as-
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