MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
166 tarea que no creían posible lograr por sí mismas. Una mujer de Arica in- formó a Caffarena la creación de un comité del memch y le imploraba: «...somos solo unas pocas mujeres y tenemos poca educación... También le pido que no nos abandone porque necesitamos educarnos y ser libres, compañera...» 395 . Sabiendo que un conocimiento limitado de su propia opresión les impedía combatirla de manera efectiva, estas mujeres tenían la intención de adquirir las herramientas para reaccionar y ganar la «libertad». Otras memchistas de provincias sabían cuáles eran sus problemas, pero no conocían la manera de resolverlos. Amalia de Ortega de San Rosendo, por ejemplo, le explicó a Caffarena que el grupo femenino de allí estaba formado principalmente por esposas de trabajadores de ferrocarriles y se quejaba que: No tenemos a nadie que nos enseñe, sinceramente envidiamos a aquellas mujeres que pueden expresar sus aspiraciones en público, nos sentimos como ellas pero no podemos expresarnos debido a que no estamos preparadas, por eso le pido que nos den instrucciones por correo, enseñándonos cómo actuar y qué medios usar para alcanzar esto o aquello... 396 La falta de capacidad orgánica y de habilidad para hablar en público, evidentemente hacía sentirse inseguras a estas mujeres. Ni siquiera las memchistas que eran afiliadas a partidos políticos tenían una visión clara de cómo enfrentar sus problemas específicos de género o, en forma más general, de cómo organizarse. Los partidos políticos no habían mostrado ningún interés en preparar a las mujeres para tomar la iniciativa o para crecer en el papel de dirigentas. Más aún, los asuntos de la mujer estaban definitivamente al margen de los discursos de todos los partidos políticos hasta bien avanzados los años cuarenta. Una dirigente del memch de Iquique evaluó con escepticismo la experiencia que las mujeres habían adquirido al participar en partidos políticos. Pensaba que estos habían descuidado por completo el apoyo a las mujeres para que encontraran su propia voz, ya que estaban dirigidos por «especuladores» a quienes no les importaba la «conciencia cívica». Se complacían con 395 Carta de Zoila R. de Arazola a Caffarena, Arica, 15 de marzo 1939. Este comité partió con veinticinco adherentes y fue organizado por Ida Villegas de Cruz, comunista. 396 Carta de Amalia de Ortega, secretaria de Actas del Centro Femenino San Rosendo, a Caffarena, 5 de diciembre 1936.
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