MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

158 de clase media que estuvieran dispuestas a trabajar con mujeres de una clase social inferior. Una de las mujeres a las que Caffarena había tratado de interesar en la formación de un comité del memch señaló que: En estas pequeñas ciudades... casi todas las mujeres de la clase media y de la aristocracia local tan estrecha de miras, son prejuiciosas y arribistas... La vida de estas mujeres está invadida por tal egoísmo y desagradable trivialidad que no puede haber espacio para adquirir ideales más elevados o enérgicos y actividades orientadas hacia una meta 366 . Otra líder potencial del memch , Carmen Zírzulich de Los Andes, tam- bién lamentaba la apatía de las mujeres de la clase media de su ciudad. Chita Alarcón de L. acusó a las profesoras de Chillán de «indolencia» e informó a Caffarena que «después de explorar el terreno no tuve otra elección que organizar un comité con empleadas domésticas y obreras» 367 . Ambas mujeres llegaron a la conclusión de que debían centrar sus ener- gías en las mujeres obreras, quienes, con sus urgentes demandas, podían tener un interés mayor en organizarse que las mujeres de la clase media que trataban de emular y asociarse con las familias de la élite social 368 . No obstante, la voluntad de estas dos mujeres por acercarse a las obreras para interesarlas en la formación de un comité local del memch fue excepcional. Muchas mujeres de la clase media, incluso aquellas que profesaban un interés por el memch o grupos de emancipación femenina en general, no tenían interés en trabajar con mujeres de la clase baja. Los prejuicios so- ciales parecieron haber guiado a Marina Fuenzalida de Silva, una médico de Los Ángeles que había sido invitada por Elena Caffarena a fundar un grupo local del memch. Habiendo estudiado el programa del memch y unos pocos ejemplares de La Mujer Nueva , Fuenzalida de Silva replicó que ella era totalmente consciente de la «injusticia social» que acosaba a las mujeres. Ella misma deseaba afiliarse y solicitó una suscripción de La Mujer Nueva , pero en cuanto a la posibilidad de organizar un comité local en Los Ángeles, tuvo muchas vacilaciones. Expresó sus dudas acerca del potencial organizativo de las mujeres obreras y no quiso comprometerse argumentando que las «obreras son tan atrasadas que solo unas pocas 366 Carta de Sofía G. de Arredondo a Caffarena, Mulchén, 9 de mayo 1936. 367 Carta de Chita Alarcón de L. a Caffarena, Chillán, 11 de diciembre 1938. 368 Carta de Carmen Zúrzulich R. a Caffarena, Los Andes, 6 de junio 1936.

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