MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
144 Según el memch, dos cosas eran vitales para mejorar la situación ma- terial de la mujer de la clase obrera: mejores salarios y menos hijos. El ra- zonamiento era simple. El embarazo significaba una pérdida del ingreso, en el mejor de los casos, desempleo en el peor, como además un aumento de gastos. Para la mayoría de las mujeres chilenas, no había servicios sociales o caridad privada que remediara la pérdida del ingreso. Para las mujeres de la clase popular, tener hijos con mucha frecuencia iba a la par no solo con una terrible pobreza, sino también con el agotamiento físico y el envejecimiento prematuro. Los hijos de mujeres fatigadas o malnutri- das eran también débiles y enfermizos. Según el memch, era imperativo que se diera a las mujeres la posibilidad de controlar su fertilidad, y la organización buscó «liberar a las mujeres de la maternidad obligada por medio de la divulgación de métodos anticonceptivos y una regulación científica y legal de aborto» 326 . Esas propuestas, en particular la legaliza- ción del aborto, son aún materia de controversia en el Chile de hoy. En los años treinta, eran absolutamente escandalosas. El memch propuso que tanto los niños como las niñas recibieran edu- cación sexual en la escuela, la cual debía ser «científica y sin falsa mora- lidad» 327 . Las chilenas conservadoras rechazaron cualquier paso en este sentido como una violación inaceptable de los derechos de los padres a decidir qué y cuándo sus retoños iban a aprender acerca de los hechos de la vida. El tema era lo bastante importante como para que la Acción Nacional de Mujeres incluyera una condena a la educación sexual colec- tiva en las conclusiones de su Congreso de 1935 328 . También la periodista y activista de los derechos de la mujer, Georgina Durand, reaccionó con cierto asombro cuando Juana Díaz Muñoz, médica memchista, sugirió que la educación sexual debía enseñarse en las escuelas: ¿Pensaba Díaz Muñoz que la educación sexual debía impartirse también en los liceos de niñas?, preguntó dos veces, como si la primera respuesta afirmativa hubiera sido demasiado para digerirla 329 . Al parecer, la idea de desmitifi- car las relaciones sexuales entre las jóvenes provocaba resistencia incluso entre aquellas que se consideraban partidarias del avance de las mujeres. 326 «Programa del Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres», La Mujer Nueva 1 (noviembre 1935). 327 memch, Antología , 27. 328 El Mercurio , 23 de junio 1935. 329 Durand, Mis entrevistas , vol. 2, 59-60.
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