MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
135 hogar le tomaban todo su tiempo», pero no formularon críticas explícitas acerca de las relaciones de poder en el hogar ni propusieron soluciones prácticas para que las trabajadoras pudieran combinar sus deberes en el hogar con el activismo de cualquier tipo 297 . Este no solo fue un pecado de omisión de las feministas acomodadas como la misma Williams o Ca- ffarena, quienes contaban con empleadas domésticas para cumplir con sus responsabilidades familiares 298 . Ni siquiera las dirigentas del memch provenientes de la clase baja, María Ramírez, Eulogia Román y Leontina Fuentes se refirieron al problema. Puede que no hayan querido tocar el tema de la desigualdad de género en la familia porque esto podría haber sido interpretado como un intento de dividir a la clase trabajadora al in- troducir la lucha de sexos. Las mujeres obreras siguieron, en su mayoría, la tendencia de los par- tidos de izquierda de atribuir la ausencia de la mujer en la lucha social al sistema capitalista explotador (largas jornadas de trabajo), e incluso a los hombres que gobernaron Chile, quienes como «representantes de las fuerzas más reaccionarias que han dominado al país, han tratado siempre de relegar a la mujer a un segundo plano» 299 . La resistencia masculina al activismo femenino y la posibilidad de más cooperación de los maridos en el trabajo doméstico para aliviar la carga de trabajo de la mujer, no fueron nunca discutidos 300 . Aceptando en apariencia los apremios de la doble jornada de la mujer, las memchistas simplemente sugirieron que las mujeres debían tener el suficiente valor como para ocupar su lugar en la «grande y noble misión» de la lucha social, que significaría avances para las mujeres y los hombres de la clase obrera. Sin embargo, pese a que no hubo ninguna discusión específica sobre el problema de la doble jornada para la mujer y su subordinación en el hogar, al menos se puso el proble- ma sobre el tapete. De vez en cuando salía a la superficie algún un reproche encubierto hacia los hombres afiliados a sindicatos, como cuando Saray Cortés pro- testó por la falta de consideración por la situación femenina en la con- ferencia de la Asociación de Empleados, o cuando María Ramírez pidió 297 La Mujer Nueva 8 ( julio 1936), 4; La Mujer Nueva 2 (diciembre 1935), 3. 298 Las familias acomodadas tenían servicio doméstico. 299 La Mujer Nueva 23 ( julio 1939), 5. 300 La Mujer Nueva 1 (noviembre 1935), 1; La Mujer Nueva 3 (enero 1936), 4; La Mujer Nueva, 8 ( julio 1936), 4.
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