MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
116 gobierno pusieron en pie de guerra a las dirigentes de memch: solo los obreros obtendrían un salario mínimo y las obreras solteras con hijos no tendrían derecho a suplementos familiares. Las dirigentes del memch se sintieron descorazonadas por estos acuerdos, que negaban a las mujeres la posibilidad de mantenerse económicamente con su trabajo, y los ca- talogaron de «fascistas» y «rabiosamente antifeministas» 241 . El memch citó a una reunión especial para discutir esta situación y anunció que lucharía por un trato equitativo para mujeres y hombres en cuanto al sa- lario mínimo y las asignaciones familiares 242 . A fines de 1936, cuando el Congreso discutía el proyecto de ley, la Co- misión de Legislación Social y Trabajo propuso un nuevo artículo que establecía el salario mínimo para la mujer un 20% más bajo que el del hombre. En vista de esta proposición, el memch inició una campaña en- viando cartas a todos los diputados para que anularan esta cláusula. La carta indicaba que la mujer hacía exactamente el mismo trabajo que el hombre, de modo que la diferencia de salarios no se justificaba desde el punto de vista del empleador. Los argumentos del memch se hicie- ron más poderosos cuando consideraron la situación desde el punto de vista de las y los empleados. Las dirigentes del memch recordaron a los políticos que el sueldo mínimo era «un sueldo para subsistir, calculado como indispensable para que un ser humano pudiera comer, vestirse y dormir bajo techo», mostrando a las mujeres trabajadoras como indivi- duos independientes con sus propias necesidades que satisfacer, en vez de seres agregados a un hogar. Las mujeres, argumentaron, deberían te- ner la misma posibilidad de vivir por sus propios medios que el hombre. Al exigir también que la mujer pudiera recibir la asignación familiar, el memch propuso un salario familiar para las mujeres jefas de hogar. De este modo, la organización fue mucho más explícita con los diputados en 241 Más aún, los beneficios familiares estarían disponibles solo para los hijos legítimos de una pareja. Como el memch lo señaló, esto ponía en desventaja a las familias de la clase baja entre quienes los matrimonios de hecho eran la regla y no la excepción. No obstante, la visión pragmática del memch ignoró la intención del gobierno de usar los beneficios fami- liares como una herramienta para aumentar el número de familias supuestamente estables y legalmente constituidas. Las agencias de servicio social hicieron la atención médica o las pensiones más atractivas para los trabajadores legalmente casados. Rosenblatt, «Por un hogar bien constituido», 181-223. 242 El memch exigió también que los hijos ilegítimos tanto como los legítimos fueran considerados para la asignación familiar. «Un proyecto de ley fascista», La Mujer Nueva 7 ( junio 1936), 4.
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