MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
112 das domésticas y lavanderas ganaban una miseria, y a las vendedoras y profesoras se les hacía casi imposible vivir con sus ingresos, aún con los presupuestos más estrictos 231 . Para Elena Caffarena, secretaria general de la organización, la «eman- cipación económica» de la mujer era la meta más importante de todas, el requisito primordial para la verdadera emancipación. Las dirigentes del memch reconocieron que la independencia económica ayudaría a igualar el poder en la familia y fortalecería la posición de la mujer fue- ra del marco del hogar; a diferencia de muchas de sus contemporáneas, consideraban esta idea como algo deseable 232 . Más aún, impulsar el acce- so de las mujeres al trabajo remunerado era un paso hacia adelante que se necesitaba con urgencia para mejorar el bienestar material, no solo de la mujer soltera, sino también de familias con un varón proveedor. Por estas razones, el memch mencionaba la emancipación económica como un punto de suma importancia en su programa y desplegó esfuerzos con- siderables para acercar a la mujer a este logro. Igual paga por igual trabajo Aunque las obreras chilenas habían expresado firmemente sus quejas por sus salarios miserables desde fines del siglo xix, la demanda de igual pago por igual trabajo logró salir a la superficie solo décadas más tarde. Este principio ponía el trabajo de hombres y mujeres al mismo nivel, y por esta razón los círculos obreros chilenos lo aceptaron solo esporádica- mente. Al igual que las organizaciones laborales brasileñas y argentinas, las organizaciones obreras chilenas —aún aquellas con un gran número de mujeres— consideraron durante largo tiempo el trabajo de la mujer como una desgracia proveniente de los bajos ingresos de los hombres, y centraron sus esfuerzos en obtener un salario familiar masculino que permitiera a esposas e hijas permanecer en el hogar y cumplir con sus deberes familiares. En las primeras décadas del siglo, incluso las trabaja- doras organizadas que denunciaban los malos tratos recibidos por parte de sus maridos indicaron que las mujeres necesitaban ser militantes solo 231 Gallo cita un estudio completo de la Caja de Seguro Obligatorio (cso) que indicaba que aún entre las trabajadoras domésticas, los hombres ganaban generalmente el doble que el salario de las mujeres. Gallo Chinchilla, «La mujer ante la legislación», 85. 232 María Antonieta Garafulic D., «Proyecciones del movimiento emancipacionista feme- nino», La Mujer Nueva 1 (noviembre 1935), 2; La Mujer Nueva 2 (diciembre 1935), 3.
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