MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
110 pañas contra los altos precios al consumidor o por mejores servicios so- ciales, ya que muchas reivindicaciones de ese tipo se habían formulado tradicionalmente en clave de protección al débil y al dependiente 226 . A primera vista, la imagen de la mujer que se usaba como símbolo en varias campañas del memch actuó en contra de la esencia feminis- ta de la organización. Hasta qué grado la visión emancipadora fue real- mente subvertida o debilitada por ciertas estrategias retóricas o visuales, es otro asunto. Mi posición es que las líderes del memch apelaron in- tencionalmente a la identidad femenina en torno a la familia y la ma- ternidad para estimular el espíritu de acción de las afiliadas de base, y trataron de fusionar esta identidad con un nuevo significado y de esta manera transformarla. La mujer y el trabajo remunerado En el Chile de los años treinta, el trabajo remunerado de las mujeres era una realidad que no podía negarse: eran el 25% de la fuerza laboral. Sin embargo, la opinión sobre el trabajo femenino fuera del espacio familiar se encontraba dividida. Los círculos progresistas habían aceptado gra- dualmente la idea de que la mujer debía ser útil a la sociedad, en parti- cular en los campos de la educación y el cuidado de la salud, donde su supuesta capacidad innata para el cuidado y la nutrición era necesaria. El trabajo como obrera, no obstante, que absorbía alrededor de un cuar- to de la fuerza laboral femenina, aún se consideraba un mal producido por circunstancias desafortunadas como la pobreza o el abandono de un varón irresponsable. Con el nuevo siglo, inició una nueva literatura socio-médica. Esta se- ñalaba la incompatibilidad de los delicados cuerpos femeninos, sus men- tes y su moral con el trabajo industrial, y halló eco en los círculos políti- cos 227 . Los obreros y dirigentes sindicales se refirieron en un comienzo al salario femenino en términos de su inmoralidad y de la devaluación que causaba sobre el trabajo masculino. Vieron la solución al «problema del trabajo femenino» en la creación de un salario familiar masculino y la 226 «Mujeres Trabajadoras de Santiago» de Hutchison, Capítulos 2 y 7; Mujeres, Feminismo y Cambio Social , de Lavrin, 85-90. 227 Incluso Luis Emilio Recabarren, quien se consideraba feminista, estaba sumamente preocupado por el «destructivo efecto del trabajo en los cuerpos de las mujeres». Hutchison, Mujeres Trabajadoras de Santiago , 171.
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