MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
109 por ejemplo, no necesariamente tenía. En Chile, el término «feminismo» había perdido ya algo de su combatividad a mediados de los años treinta y con frecuencia no significaba mucho más que la defensa de los derechos de la mujer para jugar un papel más importante en la vida pública. Inclu- so la conservadora Adela Edwards de Salas consideraba a su organiza- ción, la Acción Nacional de las Mujeres de Chile, «un triunfo del feminis- mo». Para ella, el feminismo significaba, en gran parte, el activismo de las mujeres de la clase alta para presionar por mejores condiciones morales y sociales para las mujeres de la clase obrera dentro del marco de la familia patriarcal 223 . Es así como las fundadoras del memch eligieron el término «emancipación» deliberadamente, aunque en las mentes de muchos aún estaba asociado al escándalo y al libertinaje 224 . El hecho de que se discutiera el nombre de la organización no solo reflejaba la preocupación estratégica de las fundadoras, sino, además, en cierto grado, divisiones reales en un variado conjunto de mujeres sobre el papel de la mujer en el mundo. Como vimos en el capítulo anterior, las memchistas provenían de distintas esferas de la sociedad. Por ello no es sorprendente que tuvieran diferentes prioridades en cuanto al mejo- ramiento del futuro de la mujer. Aunque las feministas radicales fueron quienes finalmente le pusieron el nombre a la institución, eran conscien- tes de que la mayoría de las mujeres chilenas no compartía su posición particular sobre el feminismo 225 . El memch trató de dirigirse a una am- plia variedad de mujeres de diferentes sectores y presentó un programa muy amplio. Este capítulo seguirá la huella de las más importantes campañas públi- cas del memch en favor del trabajo de la mujer, precios más bajos al con- sumidor y los derechos reproductivos, y estudiará la identidad social y política de las mujeres a quienes iban dirigidas estas campañas. Por cierto que las distintas campañas demandaban estrategias diferentes. Cuando el memch buscó mejorar el acceso de la mujer al mercado laboral, sostuvo que ellas debían recibir un salario suficiente para garantizar su propio sustento. Sin embargo, ese discurso era más difícil de sostener en cam- 223 «Una batalla moral en defensa de la mujer y del niño por la mujer». El Mercurio , 21 junio 1935. 224 Elena Caffarena relata que, en esa época, ser emancipada «era considerado muy obs- ceno». Eltit, «Elena Caffarena», 11. 225 Por «radicales feministas» me refiero a las mujeres que abogaban por cambios sustan- ciales en las relaciones y roles de género, y que evitaban identificar feminidad con maternidad.
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