MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
103 que había escapado de un marido que ni siquiera la dejaba salir de la casa para ir a comprar y que la golpeaba regularmente. Se sintió aún más irri- tada por el trato que recibió al volver a la casa de sus padres. Tuvo que atenerse a estrictas reglas de toque de queda para que así «la gente» no pensara que la separación había sido por culpa suya. Cuando retomó los estudios de servicio social, los que había abandonado a petición de su marido, no pudo decirle a nadie que se había separado porque ello po- dría haberle causado la expulsión. Estas experiencias personales estaban reforzadas por sus vivencias diarias como trabajadora social: porque eran las madres pobres las que acudían a mí, tuve que tomar una posición feminista... los maridos eran alcohólicos o flojos o golpeaban a sus mujeres: no pude sino tomar una posición feminista. Cuando una colega la llevó a una reunión del memch, se afilió de inme- diato 217 . Esas experiencias personales que motivaron a las mujeres a parti- cipar en el memch no solían reflejarse, sin embargo, en la correspondencia de la organización. Unirse al memch requería cierto valor, en particular por sus posicio- nes progresistas en asuntos sociales y económicos. En un país donde la gran mayoría de la gente —y particularmente las mujeres— se considera- ban católicas practicantes, no se tomaba a la ligera la orden de la Iglesia que prohibía a las fieles participar en organizaciones femeninas religiosamente neutrales. Incluso en los círculos progresistas de la clase media, la idea de una organización «feminista» causaba preocupación. Felisa Santiván, que asistió a una reunión del memch en 1936, escribió en Acción Femenina , el periódico del Partido Cívico Femenino. El artículo estaba obviamente diri- gido a aliviar los temores de las mujeres respecto de las feministas: El domingo, por primera vez, asistimos a una asamblea feminista. Esta experiencia nueva preocupó a nuestras familias. Existe el prejuicio de que todas las reuniones feministas tienen que terminar en disputas y gritos destemplados. Sin embargo, esta idea estaba equivocada, señaló Felisa Santiván. To- das las mujeres presentes fueron muy medidas y «moderadas» 218 . No 217 Entrevista a V. M., quien deseó permanecer en el anonimato, Santiago, junio de 1993. 218 «Gran Concentración Femenina», Acción Femenina , Nº17 (octubre-noviembre 1936), 19.
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