Matronería neonatal
Hipertensión pulmonar persistente del recien nacido 326 CONDUCTA ACCIONES FUNDAMENTOS • Mantener un umbral de hemoglobina estricto >12 g/dL (hematocrito >36%) mediante transfusiones de glóbulos rojos si es necesario. Para neonatos con hipoxemia grave (IO ≥25), incluidos aquellos que requieren ECMO, el umbral que se utiliza para iniciar la transfusión de glóbulos rojos (GR) es un nivel de hemoglobina (Hgb) <12 g/dL (hematocrito <36 %). La transfusión aumenta la capacidad de transporte de oxígeno y ayuda a satisfacer las necesidades de oxígeno de los tejidos. Favorecer la pro- tección neuroló- gica Coordinar el tamizaje auditivo automatizado previo al alta, el cual debiese ser reevaluado a los 18-24 meses de edad corregida. Asegurar el seguimiento del neurodesarrollo y la función sensorial. El impacto del ECMO y la hipoxia severa eleva el riesgo de parálisis cerebral, retraso cognitivo y sordera neurosensorial. La labor de la matronería no culmina en la UCI; la educación familiar sobre la adherencia al seguimiento es determinante para la calidad de vida a largo plazo. Coordinar las derivaciones a programas de seguimiento con controles cada 6-12 meses durante toda la etapa infantil. Puntos clave Fisiopatología de la transición: la HPPN surge a raíz de una transición circulatoria fallida al nacer. La persistencia de una resistencia vascular pulmonar elevada desencadena un cortocircuito sanguíneo de derecha a izquierda, lo que deriva en una hipoxemia severa y persistente. Etiologías prevalentes: los cuadros clínicos que subyacen con mayor frecuencia a esta patología son el síndrome de aspiración de meconio (SAM), la asfixia perinatal, la sepsis o la neumonía, el síndrome de dificultad respiratoria y las malformaciones, como la hernia diafragmática congénita. Diagnóstico de certeza: la ecocardiografía se posiciona como el estándar de oro. No solo confirma la presencia de HPPN y evalúa su severidad, sino que también permite medir con precisión la función cardíaca y descartar anomalías estructurales o cardiopatías congénitas asociadas. Vigilancia de la saturación diferencial: resulta crítica la monitorización simultánea de la saturación pre y postductal; una diferencia mayor al 10% es un indicador clínico de cortocircuito. El objetivo terapéutico debe situarse entre el 90% y el 97% de SpO2 preductal, buscando un equilibrio que evite tanto la lesión por hipoxia como el estrés oxidativo por hiperoxia. Soporte sistémico integral: el manejo debe ser holístico y priorizar el mantenimiento de una presión arterial sistémica óptima para contrarrestar el shunt. Esto incluye la corrección de la acidosis metabólica, la preservación de la normotermia y la reducción del estrés mediante protocolos de mínima manipulación.
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