El Húsar de la muerte. Cien años de historia rescatados fotograma a fotograma
20 El golpe más audaz de Rodríguez llega cuando, disfrazado de conde, se cuela en la propia casa del gobernador Marcó del Pont y, con la complicidad de "el Huacho Pelao", logra sus- traerle la Independencia de Chile. La afrenta enfurece al gobernador, que ofrece una re- compensa por la cabeza del guerrillero, vivo o muerto. Para Jorge Ruffinelli (2004) momen- tos como este dan cuenta de que en Sienna “su narrativa es ágil, y demuestra una destacada sensibilidad visual, amén de un sabroso humor de raíz popular de principio a fin” (p. 46). La traición no tarda en llegar: uno de sus propios hombres revela su paradero a las autori- dades. Pero Rodríguez, fiel a su suerte, se entera del complot a tiempo para escapar antes de que las tropas lo cerquen. La persecución lo lleva hasta el fundo de los Aguirre, donde finalmente las fuerzas realistas logran acorralarlo. Herido de bala en el enfrentamiento, es trasladado a la hacienda, donde reencuentra a Carmen, quien se hace cargo de sus heridas. Cuando el capitán San Bruno llega hasta allí dispuesto a interrogarlo, Rodríguez, aún convaleciente, lo desafía y lo vence en un duelo a espada. Repuesto, parte rumbo a Mendoza para entregarle a San Martín los documentos robados, no sin antes despedirse de Carmen. La muerte de Rodríguez, según la interpretación de Ruffinelli (2004), “ resulta interesante analizar cómo el film la ‘construye’ y la presenta. Por ejemplo, no se les escapaba a los es- pectadores chilenos que Manuel Rodríguez había muerto a los 33 años, la misma edad que tenía Cristo en su crucifixión”. Según Carlos Ossa Coo (1971), Sienna Buscó con ahínco el tema histórico. Tratando de configurar un cine semiepico, pero que no vulnerara los valores estéticos deseables. Basándose en un guion propio, acometió la em- presa de filmar El húsar de la muerte , que revelaba aspectos más o menos conocidos del guerrillero Manuel Rodríguez. El filme -uno de los pocos que se conservan de la época chi- lena del cine mudo, gracias a una restauración a que lo sometió el Departamento de Cine Experimental de la Universidad de Chile en 1965- [sic] ha sido considerado como la expre- sión más valiosa que se realizó en nuestro medio en la etapa no parlante (p. 27). Es esta la única representación visual casi completa que nos queda del guerrillero en el cine chileno: los fotogramas que Sergio Bravo rescató del deterioro, que Chaskel y Horta inves- tigaron en 2008, y que la Cineteca de la Universidad de Chile terminó de restaurar en 2025
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