Agresiones sexuales. Reflexiones acerca de las intervenciones psicológicas y sociales
99 Aportes de las Terapias Contextuales a la Intervención Terapéutica de Transgresores Sexuales: Una Revisión Narrativa Gabrielle González Aravena. res predisponentes, precipitantes y mantenedores de la violencia (Schmucker y Lösel, 2017). La terapia multisistémica de Hengge- ler y Borduin (1990 como se citó en Borduin y Schaeffer, 2009) marca la pauta de estos programas, estableciéndose como un tra- tamiento intensivo basado en la familia y el hogar para la interven- ción individualizada de factores de riesgos del comportamiento violento y crónico de jóvenes, incluidas las agresiones sexuales. Este modelo integra técnicas clínicas basadas en la evidencia (cognitivo conductuales y familiares estructurales), en un marco ecológico de base amplia, centrado en aspectos funcionalmente vinculados con las agresiones sexuales (Borduin et al., 2003, como se citó en Borduin y Schaeffer, 2009). Los objetivos del programa trabajan a un nivel familiar (buscando reducir la negación por parte de padres y jóvenes de las transgresiones sexuales y aumen- tar conocimientos sobre habilidades parentales), a un nivel rela- cional con pares (desarrollo de habilidades sociales y solución de problemas) y en algunos casos, a nivel individual (modificando la perspectiva social del joven o sus cuidadores). Los servicios se llevan a cabo en sus hogares, escuelas o vecindarios, en horarios acordados con la familia, realizando alrededor de tres horas de in- tervención por semana. Los terapeutas están disponibles para res- ponder a problemas clínicos las veinticuatro horas del día, siete días a la semana. Ahora bien, estos modelos se han puesto en tela de juicio en cuanto a su validez y eficacia por sus resultados con- troversiales en revisiones metanalíticas, pues solo Borduin (1990, 2005 como se citó en Schmucker y Lösel, 2017) ha dado con efec- tos robustos en ensayos aleatorios controlados, mientras otros es- tudios bajo el mismo modelo han dado con resultados débiles o incluso negativos (Marques et al., 2005; Ortmann, 2002; Romero y Williams, 1983 como se citó en Schmucker y Lösel, 2017). A pesar de estos desarrollos, se han manifestado limitaciones considerables para ambos enfoques, como la subrepresentación de las fortalezas hacia el final de las intervenciones por el conno- tado énfasis en los factores criminógenos, heterogeneidad de con- ceptualizaciones y medidas de reincidencia como factor clave de resultado terapéutico, la ausencia de evaluaciones rigurosas y ex- haustivas de las fortalezas y características criminógenas, comor-
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