Agresiones sexuales. Reflexiones acerca de las intervenciones psicológicas y sociales
98 Agresiones Sexuales. Volumen VIII . Elías Escaff Silva, María Isabel Salinas Chaud, Paula Flores Zúñiga y Carolina de la Fons Díaz riesgo de los transgresores sexuales, aquellos que conformaban grupos de riesgo medio y alto se beneficiaron mayormente del tratamiento. Los adolescentes mostraron mayores beneficios de tratamiento, aunque esta diferencia no fue significativa. Simila- res resultados obtuvieron aquellos grupos que accedieron a la intervención de manera voluntaria y coactiva (Lösel y Schmuc- ker, 2005, 2015, 2017). Adentrándonos en las primeras terapias, las cognitivas con- ductuales, nos encontramos con un gran espectro de programas, principalmente basados en el modelo de buenas vidas de Ward (2002 como se citó en Marshall y Olver, 2017). Este modelo po- siciona las fortalezas de los transgresores sexuales a la par de las necesidades criminógenas, cuestión reciente en la intervención de salud mental forense, oponiéndose a los modelos de preven- ción de recaídas basados únicamente en el modelo de riesgo, necesidad y respuesta. El modelo buenas vidas se basa en una creencia ética en la dignidad humana, la universalidad de de- rechos y la agencia personal. De esta forma, busca incentivar la motivación y compromiso con el cambio, reforzando desde un inicio las declaraciones de intención de cambio, actitudes prosociales, empatía, autoestima o esperanza en el futuro, con el objetivo de establecer una alianza terapéutica y adherencia al tratamiento robusta. Esta etapa cobra importancia pues, como comenta Mann et al. (2013), la mayoría de los transgresores se- xuales que desistieron o rechazaron intervenciones terapéuticas lo hicieron porque pensaban que estas no les ayudarían a me- jorar sus vidas. Tras esta etapa, se busca reducir la posibilidad de reincidencia específica de carácter sexual, identificando y eli- minando los factores de riesgo dinámicos de la persona. Estos son problemas clínicos que se abordan explícitamente: déficit de intimidad, preferencias sexuales inadecuadas, distorsiones cognitivas, problemas de empatía con la víctima, dificultades de regulación emocional y prevención de recaídas (Antony y Bar- low, 2007; Fortune et al., 2015). Los enfoques multisistémicos, por otro lado, corresponden a aproximaciones ecológicas que implican una perspectiva sistémi- ca, multidimensional y multicausal para la comprensión de facto-
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