Agresiones sexuales. Reflexiones acerca de las intervenciones psicológicas y sociales

100 Agresiones Sexuales. Volumen VIII . Elías Escaff Silva, María Isabel Salinas Chaud, Paula Flores Zúñiga y Carolina de la Fons Díaz bilidades graves (trastornos de personalidad antisocial y consumo de sustancias), escasa conciencia de problema por transgresores sexuales, falta de técnicas para el reconocimiento y la responsa- bilización del hecho abusivo, escuetos ajustes a las características tipológicas de transgresores sexuales y a la fenomenología de las agresiones sexuales más comunes, carencia de programas indivi- dualizados y respectivas evaluaciones idiosincráticas, entre otras (Amor et al., 2009; Barrientos y Escaff, 2018; Carbajosa y Boira, 2013; Gannon et al., 2019; Loinaz et al., 2010; Marshall, et al., 2017; Rodríguez y Tobar, 2011; Schmucker y Lösel, 2017; SENA-ME, 2019; SERNAM, s.f.). Todo lo anterior supone el gran desafío de establecer orien- taciones de intervención terapéutica y medios de evaluación que demuestren efectividad para el trabajo con transgresores sexua- les, además de un soporte teórico que integre los desarrollos en la materia. Por esta razón, en las últimas décadas han surgido diversos modelos de intervención terapéutica que han buscado suplir los vacíos previamente señalados, como lo son aquellos basados en la teoría del apego, la terapia dialéctico conductual, terapia centrada en soluciones, terapia narrativa, terapias con aspectos motivacionales y procesos de cambio, basados en la justicia restau-rativa, entre otros (Carbajosa y Boira, 2013). Dentro de esta nueva ola de intervenciones terapéuticas, los métodos contextuales, situados dentro del enfoque cognitivo conductual, ofrecen un punto de fuga y alternativas terapéuticas con un amplio sustento empírico para personas que han transgredido los derechos de los demás o, en términos analítico funcionales, los reforzadores de otros (Visdómine−Lozano, 2020). Tales surgen ante la necesidad de un enfoque terapéutico que permita obtener en las personas una sensación de cambio, bienestar y funcionalidad que los métodos cognitivos conductuales tradicionales no permitían, sobre todo frente a problemáticas complejas, crónicas, refractarias y comórbidas (Díaz et al., 2012), y las preocupaciones sobre la progresividad de los modelos sindrómicos y los cambios filosóficos dentro del enfoque (Hayes et al., 2011). La característica central de esta “tercera generación” de terapias cognitivo conductuales, han tomado los principios y

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