Agresiones sexuales. Reflexiones acerca de las intervenciones psicológicas y sociales
48 Agresiones Sexuales. Volumen VIII . Elías Escaff Silva, María Isabel Salinas Chaud, Paula Flores Zúñiga y Carolina de la Fons Díaz lo que equivale a un 10% de la población con DI (Santín, 2012). Presentan menores destrezas en el habla, pudiendo llegar a tener una comunicación fluida acorde a su edad mental (Santín, 2012), pero sus habilidades están notablemente retrasadas en compara- ción a sus pares (APA, 2014). Muestran dificultades para el re- conocimiento de normas sociales, más pueden aprender normas generales que les permitan adaptarse apropiadamente (Santín, 2012). Necesitan ayuda continua para completar sus tareas coti- dianas, y requiriendo que otros se encarguen de las responsabili- dades de la persona (APA, 2014). Por último, la DI grave y profunda se considera a todo CI inferior a 35, es aquí donde se ven afectadas diversas esferas del desarrollo, como lo serían las áreas del lenguaje, motrices, de aso- ciación, entre otras, y por tanto involucra, además, una serie de trastornos y síndromes de diversa magnitud dependiendo del área que se vea primordialmente afectada. Se observa poca adaptación social y usualmente se delega su cuidado a terceros de forma per- manente (Novell et al., 2002). Características psicosexuales de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad intelectual Las personas con DI presentan desfases en distintas áreas de su vida psíquica, incluyendo el área sexual. El impulso sexual se puede ver expresado a un ritmo más lento en comparación a per- sonas sin DI, dependiendo del desarrollo mental y fisiológico de la persona, y va aumentando de acuerdo a su crecimiento y con- texto (Santín, 2012). En este sentido, la conducta sexual de una persona con DI no es exclusiva de su madurez biológica, sino que depende de la estimulación que exista en su entorno; por ejem- plo, conductas a las que se vea expuesta y pueda imitar (Santín, 2012). Sin importar los niveles psicopatológicos que pudiesen pre- sentar las personas con DI, dicha conducta es, por lo general, me- diada por su autoimagen y autoestima, que se ven influenciadas por las experiencias rutinarias, sus capacidades cognitivas, afecti- vas y los niveles de dependencia que tenga respecto a sus cuida- dores y/o acompañantes (Clemente, 2006 como se citó en Santín,
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