Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas
62 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas Finalmente, en todas las familias participantes, independientemente de sus ni- veles de til y de manera contradictoria, se registra una alta ‘creencia de im- pacto’ (De Houwer 1999): en sus entrevistas, padres y madres refieren a su responsabilidad y capacidad de afectar el desarrollo lingüístico de los hijos: lo que hagan padres y madres es importante y tiene consecuencias. Un elemento que destaca, sin embargo, en el contraste que se puede hacer entre las familias donde se habla chedungun intergeneracionalmente y en las que no, es una es- pecie de desagenciamiento parental en estas últimas al momento de explicar por qué sus hijos no hablan chedungun . AM, por ejemplo, evalúa negativamen- te que los niños aprendan castellano (“no está muy bien”), aunque ella decidió explícitamente enseñar castellano a su hijo menor. Sin embargo, luego atribuye estas razones a la televisión, “el [nombre de hijo] nació viendo tele tele tele” o le otorga agencia al castellano el cual a ella le “sale no más”, sin su control. Igualmente MA y su esposo también consideran que la televisión es la causa por la que los niños no aprenden chedungun o atribuyen las razones a su hija, quien les diría que necesita aprender castellano para desenvolverse en el cole- gio. Esto, aunque en la práctica han sido ellos quienes han creado los espacios para el uso del castellano en el hogar. Para EL, en cambio, “un niño si no sabe hablar chedungun y le echan la culpa al colegio, a la tele, es mentira poh, es la familia, los papás”. En estas familias donde se mantiene el chedungun inter- generacionalmente los padres son los responsables, como también explicaba SA en un extracto anterior. Para estas familias, incluso instituciones como el colegio no se ven como relevantes, pues, como resume una madre, “el idioma está en la familia”. 7. REFLEXIONES FINALES Como argumenta Makihara (2009: 263), es muy difícil determinar las motiva- ciones tras las prácticas lingüísticas de las y los hablantes, así como establecer hasta qué punto estas son estratégicas o están conscientes de ellas: “Esto se debe en gran parte a que las elecciones lingüísticas están determinadas por una combinación de disposiciones lingüísticas de los hablantes que siempre están en proceso pero que ya están en funcionamiento, y de actos estratégicos más o menos espontáneos, los que pueden llevar a una reconfirmación o revisión de tales disposiciones” (Makihara 2009: 263). En el entendido de estas compleji- dades, y sin la intención de establecer generalizaciones, relaciones causales, ni menos proponer recetas, en este trabajo se ha argumentado que es posible iden- tificar una serie de posiciones discursivas parentales que actúan como un con- texto que permite dar cuenta de las políticas lingüísticas, los familectos y los respectivos niveles de til de chedungun en cada familia. En algunos casos las prácticas reconfirman las disposiciones que están en operación (“aquí tiene que hablarse el chedungun ”), mientras en otros reflejan la revisión de dichas dispo-
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