Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

59 S ituación sociolingüística de familias …/ Marco Espinoza titario en contraste con el wigka (ver Romero y Unamuno 2018 para el caso qom). Un último punto a destacar: en estas tres familias en las que se usa el chedungun intergeneracionalmente y donde se le esencializa como la principal característica que define al pewenche, solo la familia de EL participa de las ce- remonias tradicionales ( nguillatun , ngellipun ). Por otro lado, en la familia donde el niño menor no habla chedungun y en la que se registra bilingüismo pasivo también se expresan ideologías que esencializan la conexión entre chedungun y ser pewenche. Sin embargo estas familias en su práctica son más flexibles y en su discurso reconocen y eva- lúan positivamente sus estilos comunicativos bilingües y sus decisiones de enseñanza. En el caso de AM, enseñar castellano a su hijo menor es lo que corresponde hacer como padres para garantizar el bienestar de su hijo (no su- frir discriminación), expresando una postura epistémica sobre la base de su propio conocimiento a partir de la experiencia de su hijo mayor. Aunque en este caso la madre se refiere a “la mala costumbre de hablar” castellano con su hijo, evaluando negativamente su comportamiento lingüístico y alineán- dose con la normatividad descrita arriba (y, tal vez, con la percepción que tiene de lo que espera el investigador; ver Purkarthofer y Steien 2019: 120), en la práctica su uso del castellano se alinea con la preocupación parental respecto de lo que es mejor para su hijo, para que no sufra discriminación y para que estudie. De igual manera, como resultado de los procesos de movili- dad, en la familia donde se registra bilingüismo pasivo, el uso predominante de castellano por los niños se ve como una consecuencia necesaria de estos movimientos, como se describió en la sección anterior. En este caso, el padre reconoce sin problemas sus prácticas bilingües y las evalúa positivamente: “Si hablamos igual así [mezclado], cuando están los niños, a veces con los niños hablamos, empezamos en chedungun después el otro habla castellano, así”. En estos dos casos, el uso del castellano expresa una posición en la que la identidad pewenche no está definida solamente por la lengua. Este mismo padre señala que “cuando habla puro castellano un niño, los otros miembros de la comunidad le dicen ese wigka ”. Esta recontextualización (Showstack 2016) del enunciado a través del discurso indirecto sirve para posicionar a otros miembros de la comunidad y diferenciarse de ellos y su esencialismo, expresando, a su vez, una evaluación negativa de esos comentarios. Su es- posa, MA, en tanto, relata un episodio en que a su hija la llamaron chiñurra , precisamente por no hablar chedungun . Cuenta que “a mí me dio rabia” y fue a confrontar al adulto que había llamado a su hija chiñurra argumentando que, al menos, su hija entendía cuando ella le hablaba en chedungun , expre- sando una evaluación positiva del bilingüismo pasivo. En otras palabras, no hablar chedungun no transforma a sus hijos en wigka o chiñurra ni los hace perder su raíz pewenche. Si bien en todas las familias la actitud hacia el chedungun es positiva (in- cluso en la que el niño solo habla y entiende castellano), la evaluación que ha-

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