Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas
48 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas hablantes, mientras que se ha prestado poca atención a las prácticas lingüísti- cas que efectivamente ocurren en las familias bilingües y a la manera en que los discursos interactúan con dichas prácticas. Esto último, se postula, es cen- tral para la comprensión de la til (Kulick 1992). Un enfoque relativamente reciente para el estudio sistemático de los proce- sos de til en las familias bilingües, con atención en las prácticas y perspectivas de los propios sujetos, es el de las políticas lingüísticas familiares ( plf ) (Srhir y Poveda 2022; Wright y Higgins 2022). Desde esta perspectiva, los miembros de la familia asumen agencia 8 en la creación de su mundo sociolingüístico, in- cluyendo la til , y toman decisiones respecto de la “utilización y el desarrollo de sus recursos lingüísticos [como] una respuesta a sus propias necesidades” 9 (Baldauf 2006: 155). Estas decisiones y prácticas no siempre consisten en pla- nes claramente estructurados y estáticos. Un conjunto de decisiones implícitas también puede contribuir a que las prácticas lingüísticas se vayan asentando o reformulando a través del tiempo, siguiendo el ritmo de vida de las familias, contribuyendo al dinamismo de dichas políticas lingüísticas familiares. Desde esta perspectiva, la til del chedungun involucra, por un lado, las decisiones parentales (informadas por ideologías lingüísticas y cronotopos particulares y expresadas en posiciones discursivas determinadas, como se ar- gumenta) respecto de si la lengua formará parte de los repertorios lingüísticos de hijas e hijos, tal como lo hace en el de madres y padres. Por otro lado, la til se despliega en prácticas lingüísticas intrafamiliares que se conectan de ma- neras complejas con dichas decisiones, y mediante las cuales madres y padres moldean los repertorios lingüísticos de hijas e hijos en su comunicación diaria. Así, más que transferencia o traspaso de códigos, la til consiste en la creación situada y conjunta de repertorios lingüísticos, o la incorporación, a través de la práctica familiar de comunicarse, de un conjunto de recursos lingüísticos y de disposiciones para interpretar y actuar lingüísticamente en el mundo social (Zavala y Kvietok 2021). Esta perspectiva va en línea con una visión del len- guaje como práctica social, y de los hablantes como actores sociales que asu- men agencia en la construcción de las fronteras de su mundo sociolingüístico y en la negociación de sus identidades y su relación con las lenguas (Patiño-San- tos 2015; Heller 2007). El orden sociolingüístico familiar resultante, o las prácticas lingüísticas tí- picas y repetidas en estas familias, constituye un familecto (Van Mensel 2018). Un familecto no implica que en la familia se comparta exactamente el mismo conjunto de recursos lingüísticos (Purkarthofer 2021): en tanto comunidad de práctica, las y los integrantes de la familia bilingüe pueden ocupar los diver- sos recursos que poseen, y que están legitimados, para “hacer vida familiar” 8 Por agencia acá entenderemos “la capacidad de actuar mediada socioculturalmente” (Ahearn, 2001). 9 Las citas en inglés fueron traducidas por el autor de este artículo.
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