Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

422 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas 3. EL PERFUME HUMANO EN LA POESÍA Leer a Gastón Bachelard conlleva un compromiso más profundo con el arte poético y la valoración de la naturaleza. La imprecisión del lenguaje poético, creando un ambiente disgregador en la percepción de la realidad, es muy co- mún en la poesía actual, que tiende a desarticular la realidad y magnetismo de una sociedad que debería mantenerse unida, para sobrellevar los aprontes desencantadores en que vivimos, las incertezas del devenir que percibimos en el golpeteo lastimero de los zapatos en las calles adoquinadas, buscando casi siempre objetos que no sirven, prisioneros de un materialismo avasallador e inhumano. La esclavitud del hombre actual tal vez sea la más cruel de todas las esclavitudes, me refiero a su dolor sombrío y sin lágrimas, a la evaporación silenciosa del alma poética. La poesía humana es la que ahora nos congrega, el perfume de los copihues que nos une, no solamente en las instancias de la li- beración, sino en las miradas cotidianas del amor compartido. Es cierto que las pestañas se han congelado, que el óxido ha empalagado el badajo de la creati- vidad, y vamos sintiéndonos abandonados en el corazón de un mundo vacío, sin poesía, abrumados por las nieblas desencantadoras del rechinar de cadenas terrenales. Lo primiordial es que no podemos permitir que el aroma humano se extravíe en el ajetreo diario de los zapatos cansados. El símil del perfume de las flores de la vida en los pensamientos de Ba- chelard nos induce a pensar en la similitud del existir en confines distintos. Me refiero al humanismo universal de los pensamientos, arraigados todos ellos en la esencia misma del hombre. De este modo, el habla poética conserva el per- fume propio de las flores de cada pueblo, el copihue es el arquetipo de nues- tras raíces, con sus pétalos que se van abriendo a la luz del amanecer deseado, la poesía de lo humano, cuya generosidad trasciende de corazón a corazón, en un fluir de sangre viva, de la que se empapan las palabras con las que escribo este ensayo. Aprovecho de recalcar aquí lo ya dicho en otros libros, que las palabras no solamente tienen significado, sino vivencias, y me valgo de este momento para sintetizar lo soñado, en un epígrafe “La soledad construyó su nido en mi corazón, y está amaneciendo”; lo explico sucintamente, en los ex- tremos del enunciado están las palabras “soledad y amaneciendo”, en el centro de la oración aparece “nido”, que es sostenido entre las manos imaginarias de las palabras “construyendo y corazón”, este humanismo no nace en forma es- pontánea, es cierto que viene albergado en la células ancestrales, fortalecido por las enseñanzas, pero requiere reconstruir diariamente el amor en el corazón vivo del hombre, sin olvidar que zurcir una herida con otra herida profundiza el sufrimiento y el desencanto, y nadie ha podido apagar esta hoguera con una lágrima. Hace algún tiempo redacté un ensayo titulado “El humano transitar por los paisajes de la poesía”, no incluyendo el perfume, el aroma que acerca y redi- me, que hace estremecerse la carne, y los besos, y la respiración de dos cuerpos

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