Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

419 L a belleza de los copihues …/ Edgardo Alarcón Romero los tiempos. Se hace visible su presencia en el arte viviente, al igual que en la alfarería de nuestra tierra, en la que mujeres bondadosas modelan la greda y hacen renacer esta flor en sus trabajos artísticos, conservando el perfume ena- morado de una vida que deseamos volver a soñar, dejando semillas vitales y generosas para otras generaciones. La hermosura de las arpilleras bordadas con bondad y devoción ha dejado una impronta visible en la poesía, en las que he apreciado una copihuera natu- ral, la luz que besa a los copihues, cuya gradiente de colores se sitúa entre el rojo y el blanco, con sus hojas verdes y de base acorazonada, enredada en los matorrales y trepando por los lingues milenarios, mirando el amanecer desde el bosque florido, es un canto de amor que nace del vientre de las guitarras, conjugándose en ellas los elementos de un simbolismo vivo. Siento en este arte a la vida misma, incluso he percibido el llanto de un niño en las hebras de sus paisajes, la ensoñación de lo vivido y lo no vivido, lo expreso así, porque una mirada furtiva del existir me ha enseñado que, en la imaginación, los senderos por los que no anduvimos también se cubren de flores silvestres y amanece- res que hubiésemos querido vivir, no es una vida sin vida, sino las nostalgias necesarias que nos acompañan en los últimos trayectos de nuestro existir, sin enmascarar ni ambicionar objeto alguno, porque en el baúl de los recuerdos vuelve a levantarse la flor de los sueños, para regalarnos su perfume. Dejemos en claro la planificación de este viaje, que no tiene el afán de po- ner de manifiesto los conocimientos que tengo al respecto, y que otras inves- tigaciones más exhaustivas y necesarias pueden revelarnos, desde una visión científica más precisa, como asimismo la valoración ancestral del copihue, su ideario, el simbolismo histórico y la connotación significante en la pintura y otras artes, que me estremecen y maravillan. La única intención es establecer un diálogo con la poesía, que ha nacido de esas miradas enamoradas con su li- bertad y su ternura, y esas voces ancestrales que nos han cautivado gratamente, no significando esto que mis apreciaciones sean las únicas valederas, sino que es un pequeño aporte, una visión personal, que espero que despierten a otros corazones que deseen maravillarse con esta flor de mirada tan sublime. 2. APRECIACIÓN PERSONAL DE SU SIMBOLOGÍA En la poesía abunda el simbolismo y es lo que le permite conservar el esplen- dor vivo de la naturaleza, conceptos que podemos apreciar en estudios es- tilísticos de este arte creativo, que le confieren a la palabra escrita un vuelo existencial más amplio, que involucra al hombre y su quehacer cotidiano; no pienso en los actos irreflexivos que han significado la destrucción del hábitat natural de esta enredadera de colores simbólicos, expresados con sutileza y de- voción en los poemas de Víctor Domingo Silva. La idea es acercar su perfume que libera y enaltece, el diálogo esencial de las miradas que se estremecen con

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