Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

395 T alleres de literatura versus …/ Luis Barrera Linares motivados por prejuicios o normativas. En un principio, las amarras genéricas, los límites tipológicos, las reglas gramaticales u ortográficas no deberían ser diques de contención para lo que deseamos escribir como miembros de un tec . Esos serán asuntos para tomar en cuenta con posterioridad, en una etapa más avanzada, una vez que la praxis inicial ha sido entendida y puesta en práctica. Así, la libertad de escritura debería ser el objetivo de arranque en un tec , total, absoluta: que cada cual se manifieste inicialmente como pueda hacerlo. El per- feccionamiento irá apareciendo en la medida en que transcurran las sesiones y también el distanciamiento desde lo estrictamente personal hasta alcanzar niveles más ficcionales. Todo lo anterior podría ser resumido en la Tabla 3, en función de lo que debe ser la columna vertebral de un tec . Se podría formular a partir de lo que es apropiado e inapropiado para un evento de esta naturaleza. Tabla 3. Lo apropiado e inapropiado de un potencial taller de escritura creativa. A propiado I napropiado Nuclearse a través de un/a docente-coordina- dor/a experimentado/a, quien hace de guía, con- sejero/a y moderador/a del grupo, como un par (horizontalidad) 148 . Estimular elementos de jerarquización vertical entre sus integrantes, independientemente de que haya quienes tengan más experiencia que otros. Estimular la escritura libre, sin restricciones ge- néricas ni formales. Incitar a escribir “literatura” similar a la de los escritores profesionales. Evitar la imposición de criterios de parte de quien coordina-facilita las actividades 149 . Propiciar la transmisión, presentación o discu- sión de “saberes” enciclopédicos. Orientar actitudes que propicien la libre inter- pretación y discusión de puntos de vista. Propiciar sesiones similares a clases de “compo- sición”, dictado o teoría literaria. Permitir la escritura espontánea, independiente de formalismos y prejuicios. Imponer desde un principio normas formales de escritura. Estimular el amor por la escritura como recur- so terapéutico, formativo, recreativo y/o de des- ahogo emocional. Forzar la elaboración de textos que no sean pro- ducto de manifestaciones internas: relación ex- periencia personal/realidad. 148 Aquí merece la pena acotar una opinión de Maite Alvarado, expresada en un reportaje de Majlin 1988, § 9: “…en un taller literario hay un maestro o guía consagrado; mientras que en el taller de escritura se trabaja con consignas para alentar la escritura”. En nuestro caso, nada tenemos en contra de las muy valiosas propuestas de talleres literarios, como los descri- ben Tobelem (1994) y Labarthe y Herrera Vásquez (2016). Como dijimos antes, nos interesa plantear una modalidad diferente de taller que no tenga como norte enseñar a escribir litera- tura, independientemente de que de allí puedan emerger posibilidades literarias para algunos/ as integrantes. Para una descripción sobre el funcionamiento y metodología de los talleres literarios, podríamos remitir a Delmiro 2001. 149 A veces es difícil que quienes forman parte de un tec no miren a la persona que los coordina como un modelo e intenten emularlo. Sin embargo, esto no debe ser propósito explícito de dicha persona. Sobre este y otros temas cercanos, resumidos en la Tabla 3, discurre Pampillo (1988); remitimos a sus reflexiones, todavía vigentes.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=