Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

391 T alleres de literatura versus …/ Luis Barrera Linares establecer algún tipo de empatía cognitivo-emocional 145 . En tal sentido, en la línea de Bajtín (1982), la escritura creativa tendría de por sí un carácter estric- tamente dialógico. Estaría muy lejos de lo monologal. Para nuestro propósito, la escritura creativa se genera como acto de habla en el contexto pragmático o situacional de un tec y se difunde, al menos inicialmente, para un colectivo cerrado, conformado por quienes son copartícipes, con el propósito de discu- tirla y confrontarla 146 . En tal sentido, debería regirse constantemente por un proceso de auto y coevaluación. Si, en algún momento, implicase alguna hete- roevaluación de parte del/la coordinador/a o facilitador del tec , dicho proceso debería tener siempre un carácter formativo, nunca sumativo y mucho menos punitivo, y de acuerdo con un conjunto de indicadores acordados previamente por el grupo; por ejemplo, sensibilidad, originalidad, autoestima, motivación, innovación, divergencia, entro otros (Santaella 2006). La creatividad es tan importante para desarrollar la competencia comunicativa estratégica (Cantero 2008) y la imaginación, como la alfabetización para el dominio instrumental del idioma (Robinson 2006). En cuanto al tec , habría diversas maneras de definirlo, pero podemos concretarlo indicando que constituye básicamente un “Operador múltiple de textos” (Tobelem 1994: 13) con finalidad comunicativa, no utilitarios ni instru- mentales, cuyo propósito pedagógico general es entrenar(se) y recrear(se) en su producción y discusión, mediante una escritura libre de ataduras estructura- les y estéticas, no siempre sujeto a orientaciones temáticas o formales. Ni tema predeterminado ni forma genérica específica deberían ser camisas de fuerza en el momento en que el/la integrante de un tec deba producir un determi- nado texto, aunque ya con cierta condición de “escritor competente”: aquel “…que ha adquirido satisfactoriamente el código y que, además, ha desarrolla- do procesos eficientes de composición del texto (Cassany 1987: 12-13). Este tipo de escritor ya debería tener la competencia estratégica suficiente en cuanto a cómo asumir lo que Flower (1979) denominara “prosa de lector” (en inglés: Writer-Based-Prose ), mucho más cercana a la intención real de querer comu- nicar algo a otras personas que a escribir para uno mismo (prosa de escritor, Cassany 1987: 106). El concepto de competencia requerido para este proceso igualmente se relaciona con la definición de Bisquerra Alzina y Pérez Escoda (2007: 63): “…capacidad de movilizar adecuadamente el conjunto de conoci- mientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para realizar activi- dades diversas con un cierto nivel de calidad y eficacia”. Naturalmente que, 145 Para información acerca de la relación entre educación, lectoescritura, cognición y emocio- nes, ver García Retana y San Juan Álvarez 2012. 146 No entraremos aquí en las dificultades implícitas para discutir nociones como arte, creativi- dad, imaginación o estética. Si alguien estuviere interesado en esta discusión, remitimos a Wang 2019 :111-114).

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