Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas
377 F actores dilatorios de la narrativa …/ Eliana Albala De esta lista que he colocado más arriba queda una idea un poco pobre, porque en realidad el verdadero aporte creativo no tiene que ver con algo sim- ple y exactamente definido sino –de manera especial– enriquecido con agrega- dos subjetivos y emocionales. En cuanto a la narración , me refiero obviamente a narraciones margina- les que interrumpen la narración principal: es esa precisamente la razón por la que incluyo relatos de sueños, resúmenes de cartas, historias que se agregan para justificar una decisión, lo que pienso realizar mañana para conquistar a alguien o efectuar paso a paso una venganza. Me sonrío de estos detalles, pero estoy colocando ejemplos verdaderos de libros que estoy leyendo o acabo de leer. Tengo a la mano, por ejemplo, del extraordinario narrador japonés Haruki Murakami, Primera persona del singular , el mismo volumen que utilicé an- teriormente. Para mostrar la narración de lo que le está sucediendo ahora, en presente, al narrador de uno de sus cuentos: el caso es que proseguí con renuencia, disgustado siempre ante la idea de abandonar la lectura de una novela una vez comenzada, e incentivado por la expectativa de toparme con una sorpresa o giro argumental en las ulti- mas páginas que compensara el tedio precedente, pese a que sé bien que esto rara vez ocurre. Sorbí pausadamente el vodka Gimlet mientras mis ojos recorrían las líneas, deslizándose por las palabras sin que estas logra- ran captar mi atención. Había leído veinte páginas cuando desistí, incapaz de concentrarme en lo que estaba haciendo, al igual que me había ocurrido en casa hacía un poco más de una hora. No obstante, no me parecía que aquello se debiera en exclusiva a la torpeza con que estaba escrita la nove- la ni tampoco a que no me encontrara lo bastante a gusto en aquel bar, libre por suerte de música atronadora e iluminado con buen criterio (Murakami 2021:267) Estos agregados subjetivos y emocionales, como acabo de decir a propósito del enriquecimiento de las actuales descripciones, pueden también adoptar el típi- co lenguaje de la poesía mediante frases expresivas, que llenan solo por sí mis- mas páginas enteras con párrafos que exponen pensamientos, presagios, ideas, alegrías, sensaciones, esperanzas, recuerdos, descubrimientos, arrepentimien- tos, ilusiones, o miedos, como en este párrafo de El viento conoce mi nombre : Había en el aire un anticipo de desgracia. Desde temprano, un viento de in- certidumbre barría las calles, silbando entre los edificios, introduciéndose por los resquicios de puertas y ventanas. “Es el invierno que ya está aquí” murmuró Rudolf Adler para darse ánimo, pero no podía atribuirle al clima o al calendario la opresión que sentía en el pecho desde hacía varios meses. El miedo era una pestilencia de óxido y basura que Adler llevaba pegado en las narices; ni el tabaco de su pipa ni la fragancia cítrica de su loción de
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