Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

334 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas 2. Si se acepta que las innovaciones lingüísticas que terminan imponiéndose en Chile se originan en Santiago 133 , la presencia de “cachái” en Valparaíso representa, como mínimo, la segunda etapa de su difusión, siendo la pri- mera su adopción previa en Santiago. 3. Su empleo en Santiago debe haberse iniciado por lo menos algunas dé- cadas antes de 1915, el año de publicación del artículo, para que haya logrado la masa crítica que la difusión a otras regiones de un fenómeno fundamentalmente oral requeriría en una época anterior a la radio y la te- levisión. 4. Su uso en aquella época se centraba en los nse bajos. Esto se desprende del hecho de que el autor del texto atribuya a estos estratos, junto con el término “cachái”, dos pronunciaciones –“lingada” /lin.ˈɡa.d̪a/ → “lingá” [liŋ.ˈɡa] y “fuerza” /fu.ˈeɾ.sa/ → “juerza” [ˈxweɾ.sa]– que funcionan como estereotipos sociolingüísticos (Labov 1972) de los estratos bajos, es decir, como fenómenos lingüísticos que los hablantes asocian con un determina- do grupo hasta tal punto que los utilizan para imitar o caricaturizar a sus integrantes. Esta idea es avalada adicionalmente por el hecho de que el proceso fonológico que habría convertido “catear” en “catiar” (y luego en “cachar”), /e/ átona → [j], se atribuía a estos mismos estratos (Lenz 1940: 190; Oroz 1966: 80). 5. Por lo anterior, es probable que la forma moderna, “cachái”, se haya origi- nado en los nse bajos. 6. La palabra “cachái” llevaba cierto grado de estigmatización, dado que se asociaba con estratos socioeconómicos de bajo prestigio. 7. Los nse medios y altos probablemente evitaban el uso de “cachái” en sus orígenes, por asociarse con el estrato bajo. Este patrón de rechazo de lo que resulte estereotípico de un grupo de menor prestigio es recurrente en el mundo, y opera en Chile hasta el día de hoy (Sadowsky 2015). 8. La probabilidad de que “cachái” sea un préstamo del inglés es aún menor de lo que Gille estima, por haber sido adoptado primero por los nse bajos, cuyo contacto con el inglés era mucho menor que el de los nse más altos, y que en términos absolutos probablemente se acercaba a cero. 133 En virtud de su estatus de capital nacional, centro de poder y principal ciudad en términos de población, economía, servicios, educación superior, etc., es altamente probable que la ma- yoría de las innovaciones lingüísticas en Chile sigan este patrón. En los hechos, existe por lo menos un caso documentado que avala esta hipótesis: el alófono posdental africado-oclusivi- zante áfono [t̪ˢ] de /t͡ʃ/ fue detectado por Lenz (1940: 150) en Santiago a fines del siglo xix , y a lo largo del siglo xx se extendió a gran parte, si no todo, el territorio nacional (Sadowsky 2015: 74).

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