Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas
314 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas Función adicional es la eidética . Se colige, o inventa, lo no visto aún o lo imaginado según unas reglas que da el arte. Se elabora un concepto con formas diferentes de expresión según el contexto. La agrupación de síntomas y signos, su ocurrencia simultánea, produce construcciones que ya no se encuentran en ellos. Son los síndromes , que el hablante experimentado presenta como unida- des perceptuales que sugieren acciones. Otra función de la palabra médica es poiética . Crea “entidades mórbidas” basadas en ideas condensadas en palabras miméticas y eidéticas, enriquecidas por la experiencia. Las “enfermedades” no designan solamente sucesos, sínto- mas, signos. Son, además, entidades con valor prospectivo; la palabra aúna una experiencia comunitaria sobre evolución, pronóstico, indicaciones para accio- nes. Lo extralingüístico enriquece las palabras. El contexto crea el uso adecuado. También hay en medicina una función performativa . Suele ser la pala- bra curativa, el logos kaloi de la psicoterapia. Es la palabra hecha acto eficaz. Lo que el sacerdote dice cuando pronuncia un vínculo matrimonial o confiere la dignidad cristiana del bautismo es palabra con efectos en la sociedad, las personas o la historia. Tal función existe en medicina, bajo cualquiera de sus formas. Pronunciar un diagnóstico, dar nombre a lo innominado es acto tau- matúrgico y ritual, tanto como la palabra de consuelo o la palabra que cura. Estas funciones de la palabra deben situarse en el contexto de la institución social que llamamos medicina, orientada a describir, diagnosticar, pronosticar, prevenir y tratar lo anormal y lo mórbido. Estas acciones incluyen las funcio- nes de la palabra antes descritas. PRAGMAMEMES EN EL DISCURSO MÉDICO Los practicantes del oficio basan sus acciones en conocimiento e intuición tra- ducidos en discurso (Stubbs,1987). La distinción entre lo anormal y lo pato- lógico indica que si bien todas las patologías son anormalidades, no todas las anormalidades son patologías. Para serlo han de afectar la vida, limitarla de alguna forma, causar sufrimiento, dolor o desprecio. Ninguna de estas cuali- ficaciones es independiente del contexto. Algunos trastornos son tolerados en algunas sociedades y no en otras. La dolencia “cotidiana”, que no amenaza la vida, es diferentemente cualificada en el gerente que en el portero de una em- presa, y genera diferentes construcciones sociales del “papel de enfermo” 128 , que conlleva derechos y deberes. El papel social de enfermo empieza con la rotulación o etiquetado de una condición juzgada anómala o limitadora por un agente calificado para darle nombre. La afectación de las funciones sociales 128 Enfermo es una persona “rotulada” o “etiquetada” en una sociedad. Adquiere una identidad suplementaria a las de la etnia, la posición social o la pertenencia a un grupo.
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