Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas
312 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas rectamente interpretados, parecieran contener verdades inequívocas. La para- doja reside en que el primer plano de la comprensión se alcanza sin dificultad (¿hay o no tumor o un infarto?) pero en medicina la interpretación exige varios niveles de lectura. No solamente comprobar lesión o anomalía. Las personas quieren saber qué significa, implica, supone o anticipa. En el entramado tex- tual de lo anómalo hay muchos hablantes: el subjetivo ( illness ), el concreto y universal ( disease ) y el social ( sickness ). Cada una de estas voces crea un dis- curso no necesariamente compatible con los otros; para entenderlo ha de recu- rrirse a la estrategia del posicionamiento contextual. El lenguaje del malestar personal ( illness ) no tiene valor si no se lo sitúa en el de las comprobaciones empíricas ( disease ) o la valoración social ( sickness ) (Lolas, 2015). Las discre- pancias indican que una perspectiva global no consiste en allegar más datos empíricos (bio-psico-sociales) sino en comprender y sobre todo interpretar . El “organon” de la interpretación es la persona humana y esta funciona con méto- dos , pero también con modos , de forma mecánica y de forma intuitiva. Método es, por ejemplo, la estadística. Modo es empatía y ecuanimidad. TEXTOS Y CONTEXTOS Cada texto requiere de contextos para una correcta intelección y comprensión. La “textificación automática” modifica el modo como se concibe la profe- sión médica. Pero la institución social de la medicina no se restringe solamente a diagnosticar, tratar y pronosticar. Se espera que brinde satisfacciones y bue- na vida. Se sigue defendiendo el componente personal y humano en épocas de “inteligencias artificiales” y robotización. No se pretende hacer de la medicina la piedra fundacional de la sociedad. Como metáfora, ya decía Rudolf Virchow que la política es la medicina de la sociedad y que la medicina es la política del cuerpo y la mente, en realidad una ciencia social. La especialización de las profesiones difiere de sus racio- nalidades constituyentes pues no se conforman solamente por informaciones y saberes. Se basan también en intereses económicos, encráticos, identitarios y estéticos. Son “tecnologías” con sentidos diversos: productivas, dramatúrgi- cas, identitarias. El auge de las ciencias empíricas implicó que los oficios téc- nicos (como el médico) obtuvieran de ellas un prestigio que fundamenta poder y riqueza. Se dice que la medicina científica es mejor que otras (prácticas so- ciales) porque está avalada por la racionalidad instrumental. El clima epistémico fundamental de los oficios no es la verdad sino la plausibilidad y la certidumbre. Una profesión alberga muchas racionalidades. Es una comunidad de “prácticas”, que exige un ente organizador, un lector plu- ritextual que pondere, jerarquice e interprete con ecuanimidad (pero con huma- nidad y empatía) numerosas informaciones. Algunas son explícitas, públicas, reproducibles. Otras son implícitas, morales, estéticas, intuitivas, inefables.
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