Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas
283 L a solución del milenario problema …/ Miguel Castillo Didier presentan mayor o menor proporción de arcaísmos, de acuerdo con los crite- rios de cada autor. Durante el siglo xix la polémica en torno a la lengua tomó dos aspectos. Por una parte, los demoticistas claman por el reconocimiento de la lengua real, hablada, la dimotikí, como única manera de superar los gravísimos problemas que provocaba en la educación pública la katharévusa. Por otra parte, los ar- caístas extremos critican las “concesiones” de la katharévusa a la realidad lin- güística y claman por un “regreso” al idioma clásico. La lucha de quienes creían indispensable el reconocimiento de la lengua hablada, el neogriego propiamente tal, se mantuvo con alternativas. Con mu- cha razón los “demoticistas” señalaban que la conservación forzada de una for- ma escrita artificial, que presentaba enormes dificultades para la masa popular, constituía un verdadero dique en el esfuerzo por hacer avanzar la educación y la cultura del país. La defensa de la lengua hablada, del neogriego real, tomó forma definida con el movimiento “demoticista”, especialmente a partir del libro To taxidi mu Mi viaje (1888) de Yanis Psijaris (Jean Psichari), en el que este gran lingüista y filólogo, escritor en francés y en griego, lanzó una “pro- clama”, reivindicando el derecho del pueblo griego a usar su propia lengua. La resistencia arcaísta fue muy fuerte. En ese combate se lograron pequeñísimos avances, como la reforma de 1917, que permitió la enseñanza de la dimotikí en los tres primeros años de la educación primaria. Pero igualmente, los niños se veían enfrentados a una len- gua artificial, con grandes diferencias en el léxico, la morfología y la sintaxis. Por lo demás, hubo ocasiones en que la reacción arcaísta logró dejar sin efecto los pequeños “avances”. Y solo en 1976, después de la caída de la “dictadura de los coroneles” (1974), se logró configurar una mayoría parlamentaria que reconoció legal- mente la lengua “dimotikí”, es decir, el neogriego, y dio por abolida la “katha- révusa”. La lengua hablada ocupó entonces los espacios reservados legalmente hasta ese año a la “katharévusa”: derecho, administración, ciencia, filosofía, historia, y en todos los niveles de la educación pública. La existencia de dos formas lingüísticas y la controversia en torno a ellas domina toda la vida literaria y cultural de Grecia, desde el surgimiento del Es- tado moderno. Las comunidades griegas de Liverpool, Londres, Alejandría, Venecia y Constantinopla no pueden dejar de vivir un problema que afecta la vida diaria y que plantea enormes dificultades a la educación pública. Paradójicamente, la dictadura de Ioanis Metaxás (1930-1941) dio un paso positivo al encargar al destacado lingüista y activo demoticista Manolis Trian- dafilidis (1883-1959), la redacción de una gramática de la lengua dimotikí. En circunstancias muy duras para el país va a surgir la obra fundamental de Trian- dafilidis. El 28 de octubre de 1940 comenzó la invasión italiana, iniciándose así la verdadera epopeya que se conoce como la Guerra de Albania. El ejército que, en palabras de Mussolini, tenía ocho millones de bayonetas, fue rechazado
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