Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas
222 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas la migración de familias altiplánicas al sector de precordillera explica que exista allí un importante porcentaje de hablantes aymaras en un espacio en donde ya hace más de un siglo que se dejó de hablar la lengua (Gundermann et al. , 2007). En cuanto al uso del rapanui 79 , se puede destacar, desde los espacios misio- neros, el concurso del padre capuchino Sebastián Englert, quien llegó a la isla en 1935 y usó constantemente el rapanui en labores evangélicas. La reducción de hablantes empezó a preocupar a los lingüistas en la década del setenta del siglo pasado. Por ejemplo, Gómez Macker describió que el uso del rapanui: “se reduce a las relaciones intercomunitarias de los nativos pascuenses. La lengua pascuense se caracteriza por la privacidad de su uso y por su enclaustramien- to” (1978: 482). Como sea, desde 1976 la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y el Instituto de Lingüística de Verano ( sil ) desarrollaron un plan de alfabetización durante el primer ciclo básico en modalidad de inmersión lingüística, algo que ha implicado, a la larga, que el rapanui sea “la lengua del hogar, de la calle, de los recreos” (Sánchez, 1996: 84). Actualmente no existe monolingüismo rapanui y los mayores de edad son bilingües con el rapanui como variedad B en diglosia (Velásquez, 2013). Desde su oficialización ha te- nido un plan de fomento y estudio desde las políticas estatales (Leclerc, 2011), algo que se está vislumbrando exitoso (Velásquez, 2013) 80 . Respecto al quechua, entendida como una lengua indígena general en el continente, no terminó por imponerse a lo largo de Chile, aunque abunda su sustrato en toponimia. Históricamente, el quechua ha sido una lengua asocia- da a migrantes indígenas de Bolivia, Perú y Ecuador (Castro, 2015; González, 1995). En este último caso, especialmente kichwaotavalo (Bravo et al , 2021). Asimismo, es relevante su contacto con el mapudungun , sobre todo en el léxico, “comparativamente, la vigencia del quechua, actualmente, es mínima” (Sánchez 1996: 74), afirmación que ha seguido confirmándose en los estudios y referencias al respecto hasta la década pasada 81 . 79 A pesar de ser una lengua insular, se destaca su contacto con lenguas de su propia familia como de otras tipologías. Por ejemplo, con lenguas indoeuropeas, fuera del español, el ra- panui ha tenido un estrecho contacto, desde inicios del siglo xviii , con el holandés, el inglés y el francés, reforzado actualmente por el turismo, sobre todo con las dos últimas lenguas (Foerster, 2012 y Foerster y Lorenzo, 2016). Asimismo, ha estado en un fuerte contacto con una lengua de su misma familia, como es el tahitiano, debido a la repatriación de personas rapanui desde Tahití a fines del siglo xix , así como al uso del tahitiano por parte de los mi- sioneros franceses llegados a la Isla en 1864 (cfr. Edwards, 1918: 52). 80 Los dos mil hablantes que registró Du Feu (1996) o SIL (cfr. Ethnologue) han ido en au- mento. 81 Lehnert da cuenta, en 1981, de que el quechua era hablado por poblaciones ancianas “en las áreas de Cupo-Turi, y por algunos habitantes en Toconce y Estación San Pedro” (1981-2: 31, citado por Sánchez, 1996). El mismo Sánchez informaba que se puede encontrar hablantes de quechua en Arica e Iquique: “Ellos procederían de Bolivia, llegando a trabajar en las minas y salitreras del norte, a comienzos de este siglo. Posteriormente se radicaron en esas ciudades” (1996: 74). Años después, Adelaar y Muysken siguen confirmando la existencia de hablantes
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